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    Nuevo estres a la cubana

    SOCIEDAD
    Nuevo estrés a la cubana
    Hugo Araña

    MATANZAS, Cuba – Abril (www.cubanet.org) – Mi vecina (y quien no es mi
    vecina) está “a la viva”. Y cuando digo “a la viva” es porque desde hace
    un tiempo un nuevo estrés cayó sobre ella, como un relámpago.

    La mayoría de las madres cubanas transitan contra su voluntad por una
    nueva angustia. Todo se inicia al levantarse. Aún sin asearse corren
    directamente y a una velocidad envidiable para cualquier atleta de
    pista, con el propósito de mirar el contador eléctrico. Mi vecina (y
    quién no es mi vecina) se ha graduado de supervisora del gasto de la
    electricidad en su hogar. Y aún con los ojos legañosos controla lo que
    se gastó de corriente el día anterior. Y no es rara la mañana que todos
    los vecinos, incluido el comentarista, escuchen su grito de asombro por
    lo consumido. Mi vecina puede competir con cualquier soprano cuando
    lanza a los cuatro vientos su nota más aguda: un ¡Ñoooooooooo! de pecho.

    Alarmada, planifica de nuevo y exhaustivamente lo se podrá gastar
    durante ese día, a qué horas. Para ella (como para muchos) este tipo de
    ahorro actúa sobre su vida, y le trae un nuevo dolor de cabeza de los
    muchos que padece como ama de casa.

    Racionaliza hasta el extremo de planificar qué se va a encender o no en
    su hogar. Vigila cuando alguien en la casa deja una luz encendida, el
    fogón eléctrico, o la olla. Motivo suficiente para organizarle un mini
    acto de repudio, y no por asuntos políticos, al “derrochador”. Mi vecina
    (y quien no es mi vecina) es posible que sea condecorada por el
    Comandante en Jefe en el mismísimo palacio presidencial.

    La vigilancia se acentúa sobremanera cuando llega la hora de meterse en
    la cocina a inventar la comida con lo poco que tiene disponible, aunque
    ahora dispone de olla arrocera eléctrica que sirve para hacer de todo, y
    de la hornilla, último modelo made in China. Y le falta por adquirir el
    calentador eléctrico.

    Mi vecina no puede quejarse. Transita por el desarrollo. Sin embargo,
    los kilovatios aumentan. La cuenta sobrepasa lo estipulado, por mucho
    que racionalice. Y se aterra mi vecina cada mañana. “¡Hay que ahorrar
    más!” -se desespera. Por lo tanto, dispuso que su familia pasara un
    curso intensivo propio para murciélagos, y así podrá moverse por la casa
    en medio de la oscuridad, con el propósito de no herir más el precario
    presupuesto familiar.

    ¡Ah!, y de calentar agua para el baño, nada. El agua fría es buena para
    los músculos.

    La implacable tarifa eléctrica anunciada por el Comandante acecha sin
    contemplación y hay que atenerse a los altos precios de la energía.

    Una mañana, cuando tocaron y abrió a la puerta se topó con el cobrador
    de la luz y allí se quedó frita, cuando vio la cantidad que tenía que
    pagar. Por poco mi vecina muere de un infarto al constatar que su plan
    de ahorro había fracasado. Y sin poder más, exclamó fuera de sí, sin
    importarle que todos la oyeran:

    “¡Para qué tantas ollas eléctricas si nos han subido la tarifa! Cada vez
    que a este hombre se le ocurre una idea, lo que hace es jodernos más
    todavía”.

    Si mi vecina (y las que no lo son) continúa así, el día menos pensado
    irá a descansar al Panteón de los Héroes.

    http://www.cubanet.org/CNews/y06/apr06/26a8.htm

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