Act of Repudiation
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    La conversion de Barbarito

    La conversión de Barbarito
    Shelyn Rojas
    Bitácora Cubana, 20 de agosto – La Habana

    Barbarito nació con la revolución. Creció en ella. Su Santa trinidad
    siempre fue integrada por el Che, Camilo y Fidel.

    Era el primero en la escuela. No por las notas académicas. Sobresalía en
    las marchas, actos políticos y guardias estudiantiles.

    En el 80, no faltó a ningún acto de repudio realizado contra todos los
    que abandonaban el país.

    No tuvo suerte. Nadie de su familia se fue en aquel tiempo. No hubo
    quien le trajera regalos cuando los “gusanos” regresaron convertidos en
    “mariposas” de la comunidad cubana en el exterior.

    Con mucho trabajo, ahorrando centavo a centavo, logró comprar su pulóver
    favorito. Es violeta y tiene sobre el pecho la lámpara maravillosa de
    Aladino, con la palabra genio en letras doradas, por si acaso puede
    obrar milagros. Lo conserva hace cinco años, lo usa sólo para ocasiones
    especiales, pero el milagro, todavía no se ha producido.

    Terminó sus estudios de técnico medio. Empezó a trabajar en un almacén
    de la Empresa Comercializadora de Metales (COMETAL). Lo botaron. Lo
    cogieron infraganti con algo para arreglar su casa. Con el tiempo se
    volvió un alcohólico y pasó a ser miembro de los CDR (Comité de Defensa
    de la Revolución). Más tarde lo seleccionaron para que fuese el
    responsable de vigilancia de la cuadra.

    Por las noches, se sienta en la escalera de entrada al pasillo de su
    apartamento, con un vasito y una caneca de ron. Cumple su misión
    revolucionaria: que no suceda nada anormal en la cuadra. Conversa hasta
    las dos de la madrugada con un acompañante imaginario que casi nunca
    discrepa.

    A sus espaldas se ganó apodos como “azuquín”, “siempre en nota” y
    “cortico”. Pero era el primero en la defensa.

    Siempre soñó con un TV Panda. Pero no alcanzó en la distribución.
    Aborrecía a los religiosos. Gritaba a todo pulmón en sus “notas”, que él
    era hijo del Comandante y sólo creía en la revolución.

    Las pocas mujeres que ha tenido, se le han ido, por borracho y
    sinvergüenza, entre otras cosas.

    Cuando la ola represiva del 2003, la valentía del alcohol le daba por
    decir que esta revolución no se caía y mucho menos con firmitas.
    Caminaba y repetía entre risas el sermón una y otra vez. Cuando un
    opositor visitaba a algún vecino, se escondía en su casa y no salía
    hasta ver limpio y fuera de peligro el pasillo.

    Su apartamento es humilde como el de algunos otros revolucionarios de a
    pie. Aún conserva su TV Caribe, en blanco y negro, un refrigerador ruso
    y un ventilador Orbita.

    Ahora cuando electrifiquen la zona quizás pueda cambiar los trastes
    viejos por nuevos, aunque la deuda sea impagable.

    Hace unos días, le pregunté: “¿Barbarito y eso que a ti no te han
    acuartelado?”

    Su rostro, algo asustado me respondió —Na’… ¿a mí?…

    —Bueno, no abras la puerta por la noche, a cualquier hora los están
    movilizando —le aconsejé con ironía.

    En su mirada pude notar algo de preocupación.

    Ayer, cuando estaba de guardia, Barbarito me llamó. Cumplía la tarea,
    acompañado de su caneca de alcohol. Me dijo que debíamos mejorar
    nuestra amistad. Sentí su mirada fija en la Cruz Ansata, o Ankh, que
    cuelga de mi cuello.

    Tal vez Barbarito ande buscando otro padre, otra creencia y una nueva
    trinidad.

    http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=2756

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