Act of Repudiation
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    COSAS DE CUBANOS

    COSAS DE CUBANOS
    2007-05-28.
    Yosvani Anzardo Hernández, Periodista Independiente

    28 de mayo de 2007. Holguín, Cuba –. Los cubanos de hoy somos tan serios
    como los de antes, o tal vez más, en el sentido de que no debemos
    desaprovechar oportunidad de apreciar la vida ni cuando estamos cerca de
    la muerte.

    Y digo esto después de convencerme de la entereza con que viven mis
    mejores amigos, ustedes saben, los señores cuya sumatoria de edades
    daría una cifra astronómica y que por alguna razón genética siempre han
    sido mis mejores camaradas y aclaro, esto de las edades no los hace
    viejos, sino sabios.

    Cuentan ellos que en una ocasión murió un joven en el hospital como
    consecuencia de las heridas recibidas en un accidente del tránsito, y en
    la despedida al duelo alguien dijo que había muerto víctima del
    imperialismo yanqui. Por supuesto, en ese momento nadie dijo nada, pero
    ante la duda de algunos, pocos días después y como estos sabían que
    había sido un accidente, el autor de la mentira argumentó:

    – ¡Sí bárbaro, murió en un accidente, pero lo chocó un FORD del 56!, y
    eso es Yanqui, ¿no?

    Razón que convence. Como ven este es un pueblo con un gran sentido de la
    lógica. Pero no es este nuestro único punto fuerte, también apreciamos
    mucho la amistad y lo ilustraré con un ejemplo.

    Mi tropa y yo de vez en vez nos reunimos para hablar hasta de lo que
    pican los pollos, y para comprar provisiones hacemos una ponina.

    En una ocasión nos vimos en el parque. Había carnavales y como esas
    fiestas no nos hacen felices como antes, Emilio pasó el cepillo y
    recogió dinero. Quedamos en vernos como siempre en mi casa, pero Emilio,
    nunca volvió.

    El muy cabrón con sus 68 años cumplidos decidió ese día que el alcohol
    es dañino para nuestra salud y para protegernos aprovechó que el médico
    le orientó tomar mucho líquido para expectorar su catarro y se tomó
    nuestro dinero en cerveza.

    De más está decirles que casi murió de neumonía, y con ello demostró lo
    mucho que nos quiere, al asumir él solo tan terrible enfermedad.

    Por otra parte, además de amistosos y gran sentido de la lógica, somos
    muy prácticos, y esto sucedió en La Habana, no hace mucho tiempo.

    Héctor Julio Cedeño es un hombre al que nunca le han dado un acto de
    repudio porque su casa se encuentra en un lugar estratégico, de difícil
    acceso para las turbas, pero sin embargo ha sido víctima de más de diez,
    porque cada vez que se entera de que se está efectuando uno, rápidamente
    se dirige hacia el lugar y comparte el peligro con sus hermanos de
    lucha, recibiendo en él, la agresión preparada para otros, que por ser
    los suyos les regala todo cuanto tiene, o sea, hasta su vida.

    En una ocasión la actividad comenzó en la mañana, pero ya en la tarde
    las turbas se retiraron y sólo quedó frente a la casa un pequeño grupo
    de vigilantes.

    Dentro de la vivienda, donde estaban los revolucionarios (aclaro que me
    refiero a los opositores), todos tenían hambre, cuando de pronto alguien
    tocó la puerta y al abrírsele preguntó:

    –¿Ustedes son la gente del acto de repudio?

    –Sí –contestó mi amigo.

    –Ah mira, yo les traigo la merienda.

    En una caja había bocaditos de jamón y queso, más un termo de refresco.
    Sin analizar mucho nuestros hermanos le metieron el diente, pues además
    el visitante agregó:

    –Cuando terminen entreguen las cosas en el área de atención militar –y
    de esa forma eliminó posibles sospechas malvadas y posibles como el
    envenenamiento, pero demostrando que detrás de aquello sucedería algo, y
    en efecto, sólo pasaron diez minutos y alguien desde la calle gritaba:

    –¡Descarados, sulacranes, devuélvanme la merienda que no era pa'
    ustedes! –le tiraron la caja vacía.

    –¡Ah, pero se tomaron el refresco también! ahora que están llenos les
    vamos a dar otro acto de repudio –y continuó la fiesta.

    De esta forma nuestra gente demostró, lo importante que son las
    preposiciones, pues por su mal uso las personas salvajes que estaban en
    el acto de repudio se quedaron sin merienda. ¡Caballero y lo duro que es
    eso!, sobre todo cuando la regalan en tus narices.

    Sin más, queda demostrado que con lógica, amistad, sentido práctico, y
    por supuesto, dominio del idioma, los isleños, somos mejores cubanos.

    http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=10283

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