Act of Repudiation
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    Un esbirro castrista acosando a un grupo de Damas de Blanco con carteles del expreso político fallecido en huelga de hambre Orlando Zapata Tamayo.

    Un esbirro castrista acosando a un grupo de Damas de Blanco con carteles
    del expreso político fallecido en huelga de hambre Orlando Zapata Tamayo.
    FERNANDO DÁMASO | La Habana | 19 Sep 2013 – 8:32 am.

    Un ‘oficio’ campea bajo el castrismo. Quienes lo ejercen hipotecan su
    futuro de ciudadanos libres en una sociedad democrática.

    La palabra esbirro, para designar a quienes cometían actos contra la
    dignidad humana, incluyendo torturas y asesinatos, amparados en la
    impunidad de servir a un Gobierno, comenzó a utilizarse en Cuba durante
    la dictadura del General Gerardo Machado, allá por los años 30 del
    pasado siglo. En los 50, durante la dictadura del General Fulgencio
    Batista, fue retomada.

    Una cosa son las autoridades debidamente constituidas, necesarias en
    cualquier sistema social para el mantenimiento del orden ciudadano y la
    convivencia pacífica, actuando en correspondencia con las leyes, y otra
    estos personajes (hombres o mujeres) que, amparados en esa misma
    autoridad, cometen actos contra las personas, tanto físicos como morales
    o sicológicos.

    Al instaurarse el nuevo poder en el año 1959, se declaró que no habría
    más “esbirros”, y que los miembros de los organismos armados actuarían
    respetuosamente con los ciudadanos, a los cuales se debían. La mayoría
    de los cubanos aplaudió esta declaración. Pero pasó el tiempo, y se
    olvidaron ciertas palabras y promesas: hoy, el oficio vuelve a practicarse.

    Quienes lo ejercen en la actualidad emplean la tortura sicológica y, a
    menudo, hasta “se les van las manos y los pies” y realizan agresiones
    físicas (¿qué son sino las golpizas a quienes piensan diferente, sean
    hombres o mujeres, con contusiones, cabezas y brazos rotos, pérdida de
    dientes, etcétera?). Esto, sin contar acosos económicos, vejaciones y
    humillaciones. Numerosos hechos, relatados por las propias víctimas, lo
    confirman, así como infinidad de imágenes captadas por cámaras y
    teléfonos celulares, puestas en la red. Como se ve, tenemos quienes
    ejercen el oficio otra vez, aunque nos prometieron que no volvería a
    suceder.

    Cuando un gobierno tiene que acudir a estos personajes para infundir
    miedo, demuestra debilidad e incapacidad para competir en el terreno de
    las ideas, aunque organice y realice prolongadas “batallas” al efecto.
    Además, el que practica el oficio y es utilizado hoy, mañana será
    abandonado a su suerte, y deberá responder por sus actos ante la
    justicia en una sociedad democrática. Nuestra historia es pródiga en
    ejemplos. Es difícil saber si nuestros actuales “practicantes”, los
    esbirros activos y los esbirros en ciernes, habrán pensado en ello.

    Existen los “esbirros gubernamentales”, que cobran salarios mensuales
    por cargos en plantilla, y los “esbirros por cuenta propia”, quienes,
    aunque no tienen salarios asignados, reciben determinadas ventajas
    colaterales, al no ser molestados si practican actividades económicas
    ilegales, protegidos por la fachada de “revolucionarios”, de acuerdo al
    contenido dogmático que las autoridades dan a esta palabra.

    Estos personajes, para sentirse más seguros, solo entran en escena por
    convocatoria oficial, haciendo acto de presencia en los lugares y
    horarios que se les indican. Se destacan fácilmente por ser los más
    “enardecidos” de entre el “pueblo enardecido”, eufemismo oficial para
    designar a las turbas movilizadas contra quienes piensan diferente y
    actúan en consecuencia. En estos “enardecidos”, su activismo y violencia
    están en relación directa con la cantidad de “trapos sucios” que atesoran.

    Este oficio de esbirro siempre ha sido motivo de repudio, aún por
    quienes los utilizan. Es una lástima comprobar cómo jóvenes de ambos
    sexos, y personas no tan jóvenes, se prestan a ejercerlo, creyendo
    erróneamente que cumplen una tarea patriótica en defensa de la nación.
    Desgraciadamente, constituye una equivocación que siempre pesará sobre
    sus vidas. Más que de odio, son dignos de lástima, pues lo que hacen es
    hipotecar su futuro como ciudadanos libres en una sociedad democrática.

    Source: “Esbirros | Diario de Cuba” -
    http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1379537608_5141.html

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