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    Fidel Castro no fue nada original

    Fidel Castro no fue nada original
    ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles | 12 Ago 2014 – 10:10 am

    Copió de Hitler, de Mussolini, de Primo de Rivera, de Stalin, de Perón
    y, cuando fue original, se le ocurrieron disparates.

    Fidel Castro Ruz llega mañana a los 88 años de edad con el “mérito”
    histórico de haber sido el único dictador de la era moderna que ha
    gobernado durante medio siglo o más (52 años) y haber convertido a Cuba
    en la única nación del hemisferio occidental en el que sus habitantes no
    viven mejor que en 1958. Ni Haití está en ese caso.

    Castro es también el político que ha dicho la mentira más grande: “Yo no
    soy un aspirante a Presidente de la República —dijo al tomar posesión
    como Primer Ministro, el 16 de febrero de 1959— …no me importa ningún
    cargo público, no me interesa el poder”.

    Lo curioso es que, pese a su narcisismo, Fidel como líder no fue nada
    original. Casi todo lo que hizo, o dijo, fue tomado de otros, con el
    agravante de que, contrariamente al rey Midas de Frigia, que
    transformaba en oro todo lo que tocaba, el comandante convertía en
    fracaso seguro todo lo que rozaba.

    Al implantar el socialismo Castro no intentó, como el mariscal Tito en
    Yugoslavia, instaurar un modelo propio, “diferente”, sino que copió el
    sistema soviético. Su dogma de la lucha armada para la liberación
    nacional de los pueblos fue una versión tropical de la “revolución
    permanente” de León Trostky, con rasgos maoístas incluidos por el Che
    Guevara, obsesionado por los campesinos y la lucha en el campo.

    Su ideología también la tomó prestada. Muy tempranamente Castro fue
    cautivado por ideas fascistas, en particular por la figura de José
    Antonio Primo de Rivera, líder de la Falange Española. Según el
    sacerdote jesuita Armando Llorente, su profesor y mentor en el Colegio
    Belén, él y Fidel cantaron “‘Cara al sol’(el himno de la Falange) veinte
    mil veces y con el brazo en alto”.

    Jose Ignacio Rasco, su colega de estudios en Belén y luego en la
    Universidad de La Habana, reveló que Fidel al llegar a la Escuela de
    Derecho recitaba fragmentos de Mein Kampf , de Adolf Hitler, y de
    discursos de Mussolini y Primo de Rivera. De este último Fidel tenía en
    su comandancia de la Sierra Maestra ensayos y discursos, según reveló
    Carlos Franqui.

    Ese acervo fascistoide del joven Castro afloró de diversas formas. Su
    frase “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”, en el juicio
    por el ataque al cuartel Moncada, fue la abreviación de una pronunciada
    por Hitler. El futuro Führer fue juzgado luego del asalto fallido al
    Ministerio de Guerra en Munich, en noviembre de 1923, para derrocar el
    gobierno alemán. En el juicio Hitler dijo: “Aun cuando los jueces de
    este Estado puedan condenar nuestra acción, la historia, diosa de la
    verdad y de la ley, habrá de sonreír cuando anule el veredicto de este
    juicio y me declare libre de culpas”.

    Igualmente la famosa frase de Castro “Dentro de la revolución todo,
    contra la revolución nada”, en sus “Palabras a los intelectuales” de
    1961, fue un plagio de una que Mussolini usaba para definir al fascismo:
    “Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”.

    En su prisión de Landsberg, Hitler escribió su programa político e
    ideológico (Mein Kampf). Castro, en su cómoda prisión de Isla de Pinos,
    escribió el suyo, que resultó un coctel de ideas populistas tomadas del
    cubano Antonio Guiteras, de Juan Domingo Perón, Getulio Vargas y Jacobo
    Arbenz, derrocado como presidente de Guatemala en 1954, precisamente
    cuando Castro redactaba su plataforma.

    Hitler llamaba “gusanos” a los judíos y quiso borrarlos de la faz de la
    tierra. Fidel bautizó como “gusanos” a quienes no estaban de acuerdo con
    él, los despojaba de sus propiedades, los encarcelaba o los fusilaba.

    Mussolini creó las Camisas Negras, miles de jóvenes con los que entró en
    Roma y tomó el poder en octubre de 1922. Hitler organizó las represivas
    Camisas Pardas. El dictador caribeño organizó en 1959 las Milicias
    Nacionales Revolucionarias, 21 años después las Milicias de Tropas
    Territoriales (MTT), y 11 años más tarde las Brigadas de Respuesta
    Rápida que, sin uniforme para que parezcan “pueblo”, hoy hostigan a los
    opositores. Luego orientó a Hugo Chávez la creación de los “colectivos”,
    paramilitares que hoy asesinan a estudiantes venezolanos.

    O sea, los paramilitares castristas y chavistas tienen origen fascista.

    Centralismo guevarista

    Al instaurarse el socialismo en Cuba, fue el Che Guevara quien lo montó
    en lo económico. Fanático de Stalin y con mayor formación teórica
    marxista-leninista que Castro, el argentino no aplicó el cálculo
    económico —con empresas autofinanciadas y un mercado socialista— que
    funcionaba entonces en la Unión Soviética, sino el sistema
    presupuestario estalinista anterior, que concebía a toda la economía
    como una sola empresa, con un inflexible plan central, sin autonomía
    para las empresas, y sin relaciones mercantiles entre ellas.

    En realidad, la idea de estatizar toda la economía fue del Che. Fidel
    estaba más inclinado al modelo nacionalista-fascista basado en la
    estatización de los medios fundamentales de producción y servicios, pero
    no de todas las empresas y fábricas. Fue el Che quien “inventó” las
    empresas consolidadas, la emulación socialista, el trabajo voluntario
    para formar el hombre nuevo. Y fue el arquitecto de la Junta Central de
    Planificación (JUCEPLAN), copiada del GOSPLAN soviético, pero con
    clavijas más centralistas.

    Como ministro de Industrias, el Che controlaba la industria cubana, y
    desde su cargo simultáneo de secretario técnico de la JUCEPLAN dirigía
    toda la economía. Si alguien lee hoy un acta de las reuniones de la
    dirección de aquel organismo puede constatar que era el comandante
    argentino quien trazaba centralmente los planes, por encima del Consejo
    de Ministros y del presidente de JUCEPLAN, Regino Boti (economista
    graduado en Harvard). Esto era vox populi en el Ministerio del Comercio
    Exterior, donde yo trabajaba por entonces.

    Muerto Guevara, Carlos Rafael Rodríguez, miembro de la cúpula
    dictatorial, convenció a Fidel de que había que desechar el desastroso
    sistema presupuestario estalinista-guevarista. Cuba entró en el CAME
    (1972) y al frente de JUCEPLAN fue colocado Humberto Pérez, un
    economista formado en Moscú, que aplicó por fin el cálculo económico
    soviético, con el nombre de Sistema de Dirección y Planificación de la
    Economía.

    Pero al comenzar la perestroika de Gorbachov, Castro regresó al
    estalinismo con el funesto “Proceso de rectificación de errores y
    tendencias negativas”, en 1986. Acusó a Humberto Pérez de traidor al
    socialismo, resucitó el centralismo guevarista, cerró los mercados
    campesinos (tolerados a principios de los años 80), y volvió a hundir al
    país en una recesión. No hubo hambruna porque la URSS continuó
    subsidiando la economía isleña.

    Hacer sufrir al pueblo

    Al desintegrarse la URSS en 1991, Cuba cayó en la peor crisis
    alimentaria de toda su historia republicana. La gente bajaba de peso a
    causa del hambre, pero el tirano se negaba a reabrir los mercados
    agrícolas privados. “Corrompen a los campesinos”, insistía. Solo en
    1994, a insistencia de su hermano Raúl, finalmente accedió. Un año
    antes, cuando la hecatombe socioeconómica y los apagones pusieron en
    peligro la estabilidad política del régimen, fue que aceptó legalizar el
    dólar y una tímida apertura al capital extranjero.

    En lo que sí fue original Fidel fue en la creación de los Comités de
    Defensa de la Revolución (CDR). Ni los nazis dispusieron nunca de una
    red de soplones cuadra por cuadra, mediante la cual una parte de la
    población vigila a la otra e informa a la policía sobre la vida de cada
    ciudadano. Los CDR permiten el control absoluto de la población. Ello
    explica la eficacia represiva de la Seguridad del Estado.

    El dictador, obviamente, sí tuvo ideas propias, todas disparatadas,
    planes descabellados, golpes de efecto propagandísticos y olas
    represivas para mantenerse en el poder.

    Moraleja: Castro solamente ha sido original para hacer sufrir a su pueblo.

    Source: Fidel Castro no fue nada original | Diario de Cuba -
    http://www.diariodecuba.com/cuba/1407443094_9861.html

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