Act of Repudiation
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    La Cuba de Yoani Sánchez desde Hungría

    La Cuba de Yoani Sánchez desde Hungría
    La bloguera cubana dictó un taller sobre acceso a internet bajo censura
    para investigadores de derechos humanos y El Espectador la acompañó.
    Por: *Nelson Fredy Padilla, Budapest

    Yoani Sánchez visita por primera vez la capital de Hungría y antes de
    llegar al centro histórico de Budapest percibe cierta atmósfera: “Es
    como una pátina de los países que han vivido bajo el comunismo, es un
    cierto desprecio por la estética en una arquitectura homogénea; hay algo
    que no sé describir en las fachadas de los edificios, en las esquinas,
    en los bordes, es lo mismo que sentí en países como la República Checa”.

    Invitada por Open Society Foundations, la ONG en pro de la libertad de
    información subvencionada por el filántropo húngaro George Soros, se
    hospeda en el Hotel Marriot en la ribera del Danubio, del lado de Pest.
    En la terraza del noveno piso, mientras la mayoría de huéspedes
    contemplan el gran río, sus puentes y palacios, la cubana llega en busca
    de señal Wi-Fi libre. Cuando tenía 32 años de edad “Generación Y” la
    hizo la bloguera más reconocida de Cuba y, según las revistas Time y
    Foreign Policy, uno de los personajes más influyentes del mundo. Ahora,
    a punto de cumplir 40 y gracias a la flexibilización migratoria, el
    régimen cubano le permite salir del país sin mayor problema después de
    una década en la que se lo impidió. “Claro que me revisan todo”.

    Autora de los libros Cuba Libre, Un blog para hablar al mundo y La tela
    de la araña; merecedora de los más importantes premios de periodismo
    norteamericanos y europeos; nominada al Premio Nobel de Paz por su lucha
    contra el régimen comunista desde una internet censurada; los isleños en
    el exilio la nombraron heroína de la libertad mientras los gobiernos de
    Fidel y Raúl Castro la calificaron de mercenaria al servicio de
    intereses estadounidenses y españoles. Se sienta en un rincón, detrás de
    un muro, contra el paisaje, de cabeza en un portátil. Un broche plateado
    le sujeta la famosa cabellera negra y la falda toca el piso. Me acerco y
    la noto tan sumergida que desisto de saludarla.

    Me la presentan al día siguiente en la Escuela de Asuntos Púbicos de la
    Universidad Central Europea en el preámbulo de un taller sobre su vida
    en la web. La esperan 23 jóvenes becarios, investigadores de derechos
    humanos en Palestina, Hong Kong, Corea del Sur, Kenya, Ghana, Sudáfrica,
    Mozambique, Polonia Bélgica, Inglaterra, Estados Unidos, México,
    Argentina, Colombia. “Vengo de la isla de los desconectados. Soy una
    ciudadana que tiene mucho por decir y lo hago a través de internet, mi
    ventana porque la puerta para salir a decir lo que pienso fue cerrada
    por el totalitarismo”.

    “Mi madre nació en el comunismo, yo nací en el comunismo, mi hijo nació
    en el comunismo; tres generaciones y 56 años de prohibiciones y censura.
    Soy hija de la revolución, criada con el mayor adoctrinamiento que se
    imaginen”. Recita: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Fue
    así hasta descubrir que “la jaula donde está encerrado el pueblo cubano
    ha sido muy bien diseñada. ¡Vi las imágenes de la caída del Muro de
    Berlín diez años después!”.

    “En 1994 (a los 19 años de edad) construí mi primera computadora. Mi
    esposo se burlaba de mi Frankenstein, armado con un sistema operativo
    MS-DOS de los años 80. Ahí hice mi primer periódico. En situaciones
    extremas el ser humano hace de la creatividad su mayor patrimonio y así
    pasé de la Yoani callada y con máscaras a la Yoani con medios de
    expresión. En abril de 2007 colgué un post sobre béisbol y crucé una
    línea roja entre la invisibilidad y la esfera pública hasta que Fidel
    escribió que yo hacía prensa neocolonial. A partir de entonces no hubo
    vuelta atrás: una vez enfrentas a un poder no hay regreso y decidí
    actuar con firmeza. Lo mejor es correr hacia lo que te produce miedo.
    Aún hoy me tiemblan las rodillas cuando tomo consciencia de ello”.

    Surgen las preguntas. ¿Cómo accede un cubano a la red? “Somos expertos
    en internet sin internet. En el mapa de conectividad global Cuba aparece
    con el gris de ‘no data’. El gobierno dice que es del 5%, pero eso
    incluye a gente a su servicio que sólo tiene acceso a un correo
    electrónico”. Los demás navegan según el tiempo que les prodiguen en los
    hoteles. Así lo hizo Yoani durante 14 años, mientras oficiaba como
    profesora de español de turistas. Vivió dos años en Suiza. Habla alemán
    y leyó tanto a Kafka tanto como a la mayoría de escritores
    latinoamericanos. Los cubanos siguen la literatura contemporánea en
    formato PDF, una de las ofertas de una web comunitaria construida a
    partir de archivos compartidos o comercializados en el mercado ilegal de
    memorias o discos duros.

    Yoani explica: “La historia de la tecnología en la isla se divide en
    antes y después de la USB”. Ella consiguió la primera en 2004 aunque
    apenas llegó al mercado local en 2008. Muestra una imagen del monumento
    de la plaza del Che y, sobre el pedestal una USB reemplaza al héroe.
    “Este objeto nos ha hecho más libres que cualquier soldado. Nuestra
    conexión depende de cuántas memorias vayan de mano en mano. Allí se
    graban telenovelas, series, libros. Lo llamamos ‘El paquete’ y es
    nuestra web online. Hay grupos de personas que producen cada vez 900
    gigabits de información y ahora eso en terabist. Así nos leen los
    cubanos. Por eso llego a los hoteles a copiar lo que puedo. Eso
    terminará en el mercado negro de internet, que nos beneficia a todos. En
    países conectados me siento como niña en parque de diversiones”.

    Antes cuando viajaba le daban una larga lista de cosas para llevar y
    cargaba las plantillas en cartón del pie de sus familiares para
    comprarles zapatos. Las prioridades en Hungría son el último antivirus,
    un curso de pilates, una enciclopedia de cocina para su mamá, capítulos
    de Discovery Channel sobre los ferrocarriles para su papá, obras de
    Hegel para Teo, su hijo de 20 años que estudia filosofía, y charlas TED
    para Yoani. “Bajé 64”, me dice como si hubiera logrado un récord. “Son
    mi forma de entretenimiento y también terminarán el ‘El paquete’. Este
    fenómeno creciente es hoy el mayor dolor de cabeza que tiene el
    oficialismo y como detenerlo es tratar de poner puertas al mar le
    montaron competencia con ‘La mochila’, que es audiovisual y gratuito.
    Sin embago, la gente prefiere lo prohibido. En la versión del gobierno
    no encuentran sorpresas. Mientras en el resto del mundo se habla de
    aburrimiento por sobreinformación, Cuba apenas vive en conexión accidental”.

    ¿Cómo es su país hoy?

    “Una sociedad civil que vive en el miedo, miedo del otro. Tú eres mi
    hermano y puedes estar redactando un informe para que el gobierno me
    saque del trabajo. Miedo a ser detenido por un sistema en el que puedes
    pagar más años de cárcel por matar una vaca que por un ser humano, el
    segundo país con mayor población carcelaria después de Estados Unidos”.
    Reconoce que Cuba ha sabido vender un mito: igualdad, oportunidades para
    todos, educación, salud. “Sonreímos pero no significa que seamos felices
    ni libres. Sobrevivimos entre carencias y lágrimas”.

    ¿La reciente flexibilización de la política migratoria de Estados Unidos
    hacia la isla fortalece la esperanza de que la situación cambie?

    “Me dicen: ‘hay esperanza’. Yo digo: ‘¿Esperanza? ¿A qué sabe? ¿Cómo se
    come?’. En Cuba casi todos nos levantamos pensando qué vamos a comer ese
    día y luego en el proceso para conseguir ese alimento y llevarlo al
    plato. Casi siempre el menú es arroz con salchichas norteamericanas o
    con picadillo de pavo. Eso en todas las formas, acompañado de tostones
    hechos a puñetazos. De vez en cuando cerdo. La gente les opera las
    cuerdas vocales a los marranos para que no chillen y poder cebarlos en
    las bañeras de las casas. La carne de res es casi prohibida. Se te va el
    día en ir a buscar huevos y aceite. Mi madre trabajó 30 años como
    taxista y pregunta por qué una libra de cebollas escasea y vale dos días
    de trabajo, por qué en una isla rodeada de mar es un milagro conseguir
    un kilo de sal”.

    ¿Cómo hace periodismo a pesar de la censura?

    “El castrismo siempre ha tenido el monopolio de la información a través
    de medios como Granma, Juventud Rebelde, el periódico Trabajadores. Las
    imprentas son los lugares más vigilados. Le tienen miedo a la palabra.
    Entonces el periodismo independiente se mezcla con activismo y
    disidencia, deseo de compartir el dolor. No soy periodista graduada sino
    filóloga y lo que hacemos desde hace un año en nuestro diario
    14ymedio.com (junto con diez reporteros incluido su esposo Reinaldo
    Escobar, que trabajó 20 años en el oficialismo) es narrar la realidad
    que la prensa oficial no cuenta. Denunciar los excesos de poder y darle
    visibilidad a los movimientos sociales; presionar a la prensa oficial
    para que hable de temas que antes no tocaba pero que ahora terminan
    conociéndose a través de las redes sociales. Como no podemos protestar
    en la plaza pública, lo hacemos en internet con el lema ‘nárrate a ti
    mismo, porque si no lo haces lo hará el poder’ y la advertencia de ‘no
    mezclar opinión con información ni deseos con realidades’. Mi blog es un
    canto a los derechos humanos (esta semana sobre por qué incluso los
    ancianos, incluidos sus vecinos de edificio, dejan la isla). Hay que
    escribir historias sobre la gente, no tener miedo a equivocarse,
    atreverse a decir lo que se piensa, buscar buenas etiquetas, construir
    un discurso proactivo, no negativo. Un buen hashtag mueve montañas. Así
    somos la utopía de todos”.

    ¿Por qué se llama14ymedio.com?

    “Se llama así porque con mi esposo vivimos en un piso 14 y un poco más
    de un edificio estilo yugoeslavo que él mismo ayudó a construir alguna
    vez. 14ymedio es como otro hijo al que hay que levantarse a cuidar desde
    las 3:30 a.m. Estoy encantada como editora. Les dijo a nuestros
    periodistas: ‘¿quieren cirugía estética o a corazón abierto?’.
    Publicamos la historia de la persona que perdió la posibilidad de
    comprar el pollo racionado que sale una vez al mes porque terminó en un
    calabozo y también las cosas lindas de Cuba, porque contar sólo la
    tragedia es deformar la realidad. Hacemos énfasis en derechos humanos,
    cultura, opinión y precios. Cuánto vale la libra de plátano en el
    mercado de Egido, en La Habana, la libra de carne de cerdo sin hueso. Al
    hacer eso no necesitamos decir ‘la sangrienta dictadura de los Castro’,
    porque con eso la gente entiende que hay algo en el sistema que está
    mal. Mostramos la cara real de Cuba no la de los tontos estereotipos; el
    país de las playas, los carros antiguos, el tabaco, el ron, la salsa. No
    más Cuba de postal, color sepia, queremos modernismo. Somos
    contrarrevolucionarios y progresistas, queremos ser ciudadanos del siglo
    XXI”.

    Sin derecho a internet, ¿cómo se conectan a redes sociales?

    “A Twitter llamando a los cuatro teléfonos de servicio que tiene en
    Estados Unidos y Europa. Desde mi teléfono móvil mando mensajes junto a
    las palabras start+ok+nombredeusuario+contraseña, sin dejar espacios, y
    terminan en la red. Es a ciegas pero así enviamos tweets los cubanos
    desde hace ocho años. Twitter es la manera más inmediata de llegar a la
    conciencia de la gente. Sean ustedes mismos, no importen consignas.
    Tengo más de 600 mil seguidores y para nosotros es una herramienta de
    supervivencia. Soy adoradora del pájaro azul desde que me salvó el 6 de
    noviembre de 2009: siendo bloguera fui a una protesta y una amiga, por
    prevención, dejó en la bandeja del teléfono el mensaje ‘estamos
    detenidos’. En el camino nos interceptaron tres hombres, nos insultaron
    y nos subieron a un automóvil. Uno me acostó en la silla de atrás y me
    puso la rodilla en el pecho. Mi amiga alcanzó a mandar el mensaje a y a
    los diez minutos el chofer recibió una llamada para que nos soltaran
    porque ya se sabía. Twitter se había movilizado para protegernos. Mi
    esposo retó públicamente a la policía para que le dieran el nombre del
    agente que me había detenido y por eso fue víctima de lo que en Cuba se
    llama ‘acto de repudio’: personas vestidas de civil manejadas por el
    gobierno rodean al protestante y lo señalan como mercenario. Gritan ‘la
    calle es de Fidel’. Dan la imagen de que es el pueblo el que recrimina
    pero es mentira. Lo mismo sucede cuando lanzan huevos contra la casa de
    la familia de alguna persona que abandonó el país. El blanco siempre es
    la familia. Afortunadamente la mía es pequeña; mamá, papá, esposa e
    hijo. Mis papás han perdido mucho por culpa mía y ni ellos ni mi hijo me
    lo han reprochado, han tenido que cargar una cruz. Y no es por el
    policía que nos mira desde la esquina sino por la vigilancia absoluta de
    tu vida, de cada llamada; vas a una playa y ves una cámara grabándote.
    Nos quieren destruir emocionalmente pero permanecemos unidos y el humor
    nos hace fuertes. La última vez que fui a un hospital, en 2009 por un
    problema de cuello, los médicos que me atendieron fueron entrevistados
    luego. Es tal cual la famosa película ‘La vida de los otros’. Igual en
    la web, porque el oficialismo ve a internet como un campo de batalla y
    cuenta con soldados dedicados a insultar, a ejecutar el asesinato de la
    reputación en los medios oficiales. Mi sistema de protección en
    cualquier caso es muy efectivo: tener siempre a la mano las cuentas de
    Twitter del papa, The New York Times, Amnistía Internacional, Reporteros
    sin Fronteras, Comisión Interamericana de Derechos Humanos y cubanos en
    el exilio como Cubanet, Diario de Cuba, en España, desdecuba.com y
    Havana Times. Siempre los mantengo al tanto para que después no digan no
    sabíamos”.

    ¿Qué piensan jóvenes como su hijo y cómo será el postcastrismo?

    “El problema es que mi generación fue formada para ser fanática y la de
    él es apática. Ya hay nativos digitales que me dan esperanza pero están
    escapando. Hasta ahora mi hijo no me ha dicho que quiera emigrar. Si un
    día me lo dice, le recordaré: ‘primero tu país, tus raíces’. El cambio
    tiene que venir ya o los perdemos. Es el momento histórico para
    quedarse. Cuba es un país de muchos viejos y pocos jóvenes. La natalidad
    es de 1,6 hijos por mujer, como Noruega, y hay tanta migración como en
    Haití. No sé cómo será la transición. Los analistas predicen algo
    parecido al modelo ruso actual de libre mercado y control político. No
    creo que funcione porque somos un país muy occidental. En Cuba ya no hay
    ideologías sino un totalitarismo aguantando sus excesos obscenos en el
    poder. Hay que esperar el fin biológico de los Castro. Creo que luego
    vendrá un consumismo feroz de sustituir consumo por libertad. Esa será
    la herencia del castrismo. Vienen tiempos difíciles y de lo que hagamos
    o dejemos de hacer dependerá que nos vuelvan a secuestrar. Hay dolor
    acumulado y so puede ayudar a la transformación pero me da temor pensar
    que de allí pueda surgir el próximo carismático que nos someta otros 50
    años”.

    ¿Usted ha pensado en irse o en quedarse y aspirar a ser presidenta?

    “No y no. Seguiré siendo una persona incómoda aunque la mayoría de
    cubanos prefiere enfrentar un tiburón en el estrecho de La Florida que a
    un policía en la calle. Me veo en el espacio multimedia porque el rol de
    los periodistas independientes va a ser trascendental, no sólo en la
    narración del presente sino del pasado que nunca nos han contado.
    Algunos me dicen: ‘vas a ser presidenta de Cuba’, y no me preocupa
    porque sé que no será así, lo que me preocupa es que a mi nombre se
    siembren falsas expectativas. No creo en la política porque me gusta
    decir lo que realmente pienso. Quiero que el próximo presidente esté
    ahora jugando béisbol en una esquina y nadie sepa quién es”.

    ¿Qué opina de los diálogos del gobierno de Colombia y las Farc en La Habana?

    “Los cubanos queremos que haya paz en Colombia, pero nos preguntamos
    ¿cómo Cuba hace de garante de un proceso de paz en el que un Estado
    negocia con un grupo armado mientras nuestro gobierno ni siquiera oye a
    la oposición? Es un contrasentido”.

    ***

    Otros movimientos cubanos de oposición, según Yoani Sánchez

    Unión Patriótica de Cuba: “Nació en Santiago de Cuba, en el oriente, y
    la dirige José Daniel Ferrer. Escucharemos mucho su nombre en el futuro
    porque es un líder que maneja discurso-acción y es muy reconocido en
    redes sociales.

    Guillermo Fariñas: “El hombre de la huelga de hambre de los 104 días.
    Gracias a él 75 personas salieron en libertad y ganó el Premio Sajarov”.

    Las damas de blanco: “Marchan todos los domingos en cabeza de Berta Soler”.

    Cubalex: “Nació en 2010”.

    Laritza Diversent: “Una líder en la isla y a quien hay que llamar
    primero si uno es arrestado”.

    Consenso Constitucional: “Grupo de abogados que quieren cambiar la
    Constitución, en cabeza de Manuel Castro Morúa”.

    Juan Antonio Madrazo: “Activista por la integración racial entre negros
    y blancos”.

    Pedro Campos: “Comunista raulista, pero antifidelista. Quiere hacer el
    cambio desde dentro del comunismo”.

    Dagoberto Valdés: “Es de Pinar del Río, director de la revista
    Convivencia, dedicada a formar ciudadanos, porque no somos ciudadanos ni
    nos comportamos como tal. Él nos dice: ‘tú piensas, tú opinas, tú puedes
    elegir al próximo presidente’”.

    *Invitado a la Universidad Central Europea por Open Society Foundations
    y la Escuela de Políticas Públicas a dictar un taller de narrativa para
    investigadores de derechos humanos.

    Source: La Cuba de Yoani Sánchez desde Hungría | ELESPECTADOR.COM –
    http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/cuba-de-yoani-sanchez-hungria-articulo-568917

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