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    35 años del gran éxodo del Mariel

    35 años del gran éxodo del Mariel
    La marcha de más de 125.000 cubanos a Estados Unidos en 1980 fue una
    conmoción para la revolución y para la ciudad de Miami
    LUIS BARBERO Miami 13 SEP 2015 – 20:54 CEST

    El éxodo del Mariel, uno de los grandes movimientos migratorios del
    siglo XX, cumple 35 años. Más de 125.000 cubanos salieron de la isla en
    apenas siete meses —entre abril y octubre de 1980— con destino a Estados
    Unidos, especialmente a Miami, que se vio superada por la masiva y
    repentina llegada de ciudadanos que huían del régimen de Fidel Castro,
    que por aquel entonces todavía contaba con el apoyo de la Unión
    Soviética. La crisis migratoria del Mariel fue un shock para Cuba y para
    EE UU, dos países vecinos (uno pequeño; el otro, un gigante) que han
    convivido más de medio siglo en medio de la desconfianza, y que ahora
    buscan el sendero del reencuentro. “El mito de la revolución cubana
    empieza a caer con el Mariel”, afirma sin dudar Sebastián Arcos,
    director asociado del Instituto de Investigaciones Cubanas de la
    Universidad Internacional de Florida.

    Esta oleada migratoria tiene su origen en un incidente diplomático entre
    Cuba y Perú. El 1 de abril de 1980, un grupo de cubanos empotró un
    vehículo contra la verja de la embajada de Perú en La Habana para
    solicitar asilo. Un suboficial que custodiaba el edificio falleció
    cuando intentó evitar la entrada. Castro exigió a Perú la entrega de sus
    conciudadanos y amenazó con quitarle la protección a la legación
    diplomática, algo que finalmente ocurrió. Y ahí llegó la sorpresa. Más
    de 10.000 cubanos irrumpieron en poco tiempo en la embajada peruana
    solicitando asilo. Sin ser consciente nadie, estaba empezando un
    imponente movimiento migratorio que, como le ocurre ahora a Europa con
    la crisis de los refugiados, dejó boquiabiertos a los dirigentes
    políticos, que tardaron semanas en dar respuesta al fenómeno.

    La ocupación de la embajada peruana empujó a Castro a anunciar la
    apertura del puerto del Mariel para que pudiesen salir de la isla los
    cubanos que lo deseasen. Decenas de barcos procedentes de Miami, del
    primer exilio cubano, el que se produjo tras el triunfo de la
    revolución, arribaron al puerto del Mariel para trasladar a sus
    familiares a Estados Unidos. El trasiego de embarcaciones fue diario,
    constante, con imágenes que sacudieron la conciencia mundial. El
    dramático éxodo duró siete meses, hasta que Estados Unidos, bajó la
    presidencia de Jimmy Carter, cerró la puerta por las repercusiones
    negativas que la crisis migratoria estaba teniendo en la política
    doméstica. Más de 125.000 cubanos llegaron a Estados Unidos en esos
    intensos meses, transformando definitivamente la historia reciente de la
    isla y de la revolución cubana, pero también de Miami, que experimentó
    un cambio que tardó años en asimilar.

    “Fue un momento traumático para Cuba. Hacía una década que el país
    estaba domesticado por Fidel Castro. La oposición, los últimos focos
    guerrilleros, estaban extinguidos. Se había institucionalizado la
    economía soviética con los planes quinquenales. El país estaba
    plenamente sovietizado”, afirma Arcos, que en 1980 estudiaba el primer
    año de la carrera en La Habana. Este investigador sitúa el origen del
    éxodo del Mariel en 1978, cuando Castro indultó a más de 3.000 presos
    tras una negociación con el Gobierno de Jimmy Carter. “Hubo un
    flexibilización del régimen y a Cuba llegaron personas del exilio que
    estremecieron a las sociedad. La historia oficial decía que el exilio
    cubano en Estados Unidos hacía los trabajos sucios. Y es verdad que una
    parte trabajaba en hoteles, pero tenían más poder adquisitivo que un
    médico, un ingeniero o un profesor de universidad en Cuba. Traían
    productos y comida que en Cuba no existían. La sociedad comprendió que
    los habían engañado. Ese reencuentro entre cubanos del exilio y los que
    residían en Cuba es el origen del Mariel”, añade Arcos, quien recuerda
    “los actos de repudio y la violencia” que el régimen empleó contra los
    ciudadanos que decidían irse de Cuba. “La Habana estaba aterrorizada, lo
    que generó confusión en las generaciones más jóvenes, que vieron que los
    cubanos se querían ir del país. Yo rompí con la revolución y dos años
    después estaba en la cárcel”, añade el profesor universitario.

    Castro aprovechó la crisis para vaciar las cárceles de presos comunes y
    enviarlos a Estados Unidos, una decisión que tendría consecuencias
    fatales para Miami, donde se quedaron la mayoría de los cubanos que
    salieron en esta ola migratoria. “Las estimaciones más conservadoras
    apuntan que el 15% de los que llegaron eran delincuentes”, apunta Tomás
    Regalado, actual alcalde de Miami por el Partido Republicano y que en
    1980 cubrió el éxodo como reportero. “Los guardianes de las cárceles
    leían listas de presos para soltarlos, los montaban en un vehículo y los
    llevaban hasta los barcos. A la gente que venía de Miami le decían que
    por cada familiar se tenían que llevar personas adicionales. Y ahí había
    delincuentes y espías”, añade Arcos.

    Si el impacto del éxodo en Cuba fue enorme, no le va a la zaga lo
    ocurrido en Miami, que no estaba preparada para acoger a tantas personas
    en tan poco tiempo. De los 125.000 cubanos que llegaron en 1980, unos
    100.000 se quedaron en Miami, tras una intervención del Gobierno
    federal, que promovió que algunos de los recién llegados fuesen a otros
    estados. “Fue una bomba demográfica y una bomba política”, afirma el
    alcalde de la ciudad. Hubo que alojar a gente en campamentos junto a las
    autopistas, hacer ejercicios malabares para alimentar a todos los recién
    llegados o escolarizar a más de 12.000 niños que no hablaban inglés. En
    pocos meses, creció el paro y el número de pobres. No obstante, Regalado
    cita el incremento de la criminalidad como la consecuencia más nefasta
    de esta etapa. “La mayoría de los que llegaron eran buenas personas,
    pero los delincuentes que envió Castro siguieron delinquiendo aquí”,
    añade el alcalde. Los siguientes años fueron los que quedaron
    inmortalizados en la serie Miami Vice. Drogas, armas, corrupción. “El
    repunte del crimen hizo que la ciudad contratase a muchos policías sin
    un chequeo meticuloso, lo que dio lugar al mayor escándalo de corrupción
    de la historia de Miami. Con el tiempo, decenas de policías fueron
    detenidos por el FBI. Los policías cogían a los narcotraficantes se
    quedaban con la droga y los mataban”, recuerda Regalado.

    La Pequeña Habana, la zona de Miami colonizada por los cubanos, por
    ejemplo, se vino abajo. “La gente dejó de ir por la delincuencia”,
    afirma Regalado, que añade que tuvieron que pasar más de cuatro años
    para que la ciudad volviera a tener cierta normalidad tras la convulsión
    de uno de los grandes movimientos migratorios del pasado siglo.

    La mala fama de los ‘marielitos’
    35 años después, el término marielito, como se conoce a los cubanos que
    salieron de la isla en 1980, sigue teniendo un componente negativo. En
    Miami, y por añadidura en todo Estados Unidos, todos ellos quedaron
    manchados por los presos comunes liberados por Fidel Castro que llegaron
    en aquella oleada migratoria. Todavía hoy, afirma Jorge Duany, director
    del Instituto de investigaciones cubanas, se percibe una fractura entre
    los cubanos del primer exilio y los que llegaron a partir de 1980.
    “Antes de 1980, es el exilio de la clase media-alta de Cuba. El que
    llega después, además, se había formado bajo la revolución”, afirma este
    antropólogo de origen cubano. “La imagen de los marielitos ha sido
    sumamente negativa. La propaganda del régimen fue eficaz al
    identificarlos con lo que llamó la escoria de la sociedad: delincuentes,
    homosexuales, enfermos mentales, prostitutas…” Tampoco ayudaron
    películas como Scarface, protagonizada por Al Pacino, añade Duany: “Los
    marielitos salían como mafiosos, sangrientos, sin escrúpulos”. Con el
    paso del tiempo, esta mala imagen se ha atenuado, y la mayoría de los
    marielitos están integrados en Estados Unidos sin ningún problema, pero
    aún se percibe ciertos recelos hacia ellos, dice el antropólogo. Los
    balseros que llegaron a mediados de los años noventa del siglo pasado,
    en otra crisis migratoria, tienen mejor imagen no solo en la sociedad
    estadounidense, sino entre la propia comunidad cubana.

    Source: Cuba: 35 años del gran éxodo del Mariel | Internacional | EL
    PAÍS –
    http://internacional.elpais.com/internacional/2015/09/13/actualidad/1442113548_063090.html

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