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    Fidel Castro y la Universidad de La Habana

    Fidel Castro y la Universidad de La Habana
    La revolución del 33 se había ido a bolina, pero también dejado al
    garete grupos de acción que bastardearon hasta el gangsterismo
    Arnaldo M. Fernández, Broward | 07/09/2015 10:09 am

    Aquí ha entrado un muchacho que va a ser
    [otro] José Martí o el peor de los gánsteres
    Alfredo Guevara, UH, 1945

    La Federación Estudiantil Universitaria (FEU) conmemora otro aniversario
    redondo del ingreso de Fidel Castro en la Universidad de La Habana (UH)
    con bombo y platillo que se extenderán hasta la efeméride adolescente
    del discurso que largó en el Aula Magna, el 17 de noviembre de 2005,
    acerca de que “esta revolución puede destruirse”.
    La entrada de Castro a la UH pasó a la historia oficial —contada por el
    propio Castro— como el inicio de su conversión en revolucionario
    marxista-leninista[1], pero hombre y circunstancia sugieren que Castro
    terminó siendo el gobernante que Cuba merecía porque su voluntad de
    poder no se forjó tanto con Max y Lenin, sino más bien al calor de la
    propia UH.

    Democracia universitaria
    Castro entró el 4 de septiembre de 1945 a la UH, que tenía entonces 13
    escuelas y unos 15 mil estudiantes. Se matriculó en la Escuela de
    Derecho, donde el curso regular duraba cinco años, con varias
    asignaturas cada uno. Los estudiantes de cada asignatura elegían a su
    delegado; los delegados de cada año, a su presidente; los presidentes de
    cada año, al presidente y vice de la Asociación de Estudiantes de
    Derecho. Así lo hacían las demás escuelas y los 13 presidentes de
    asociaciones elegían a la dirigencia de la FEU.
    En marzo de 1946 Castro fue elegido delegado de antropología judicial.
    Aquí tomaba la asistencia por encargo del profesor René Herrera Fritot.
    Según Castro, tuvo 181 votos a favor y 33 en contra. Siguió la rima
    electoral como presidente de primer año, pero no llegaría a presidir la
    asociación. Unos dicen que fue tesorero y otros, vicepresidente. Al año
    siguiente repitió como presidente de año y perdió la presidencia de la
    asociación contra un tal Freddy Marín.
    Según el jefe de la policía política de la administración Grau, Mario
    Salabarría, unos guardias de seguridad de la UH reportaron el 27 de
    abril de 1947: “Fidel Castro ha hecho unos disparos en una asamblea de
    la Escuela de Derecho”. Salabarría detuvo a Castro frente a la casa
    donde se hospedaba, le ocupó una pistola 45 y pasó el caso a los
    tribunales, pero nunca hubo juicio.
    En la UH campeaban por sus respetos el bonchismo y el gangsterismo. Las
    elecciones discurrían por entre las tensiones entre pandillas rivales.
    Castro se enrolaría en la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) de
    Emilio Tro, que promovió como presidente de la FEU a Humberto Ruiz
    (Escuela de Estomatología) contra Isaac Araña (Escuela de Ciencias
    Comerciales), apoyado por el Movimiento Socialista Revolucionario (MSR)
    de Manolo Castro y Rolando Masferrer. Ruiz tenía los votos de seis
    escuelas, Marín dio el sexto voto a Araña y Enrique Ovares (Escuela de
    Arquitectura) se plantó. Para salir del punto muerto, Castro impugnó la
    elección de Marín, pero el Consejo Universitario denegó la solicitud[2].
    El entuerto acabó por resolverse con las renuncias de Araña y Ruiz más
    la elección unánime de Ovares, quien enseguida soltó que los dirigentes
    de la FEU debían elegirse por voto directo del estudiantado. El 16 de
    julio de 1947 sesionó la asamblea general de estudiantes con apenas 891
    (circa 6 % del total). El MSR y la bandería comunista apoyaron a Ovares,
    José Luis Massó y Alfredo Guevara como presidente, vice y secretario,
    respectivamente; la UIR y la bandería católica, a Ruiz, Antonio G. Cejas
    y Castro. Votaron tan sólo 295 estudiantes y fueron electos Ovares,
    Massó y Guevara con 148, 141 y 144 votos. Castro sacó 19 y se alejó del
    ruedo electoral universitario al acogerse al curso por la libre (sin
    matrícula oficial en determinado año).

    Alegrías del gatillo
    Hay quienes saben más que la policía de aquella época y atribuyen a
    Castro varios asesinatos en su vida universitaria, sin que conste algo
    más plausible que disparar contra “El Toro” [Leonel Gómez] y darle a “La
    Vaquita” [Fernando Freyre de Andrade]. Precisamente esta peripecia dio
    pie al ingreso de Castro en la UIR. Así lo narró uno de sus
    co-fundadores, Vidalito Morales y Rodríguez, al historiador Antonio
    Rafael de la Cova[3]:
    “Separadamente, [los estudiantes de la UH] Patricio [González] y [José
    Luis] Echeveste me insistían en presentarme a Fidel, y me dicen que
    Leonel lo tiene agitado con dos o tres en la universidad, y que al pobre
    lo van a matar: ‘Vamos a ver si lo ayudamos’ (…) Parece que eran
    problemas personales, y Fidel que jodía mucho. Un día como la las dos de
    la tarde, yo estaba durmiendo y me dice la vieja: ‘Ahí te busca Patricio
    con unos muchachos’. En la sala había un retrato grande de mi abuelo (…)
    Fidel se para delante y dice: ‘El gran patriota Mayía Rodríguez. Señora,
    la verdad que usted debe sentirse muy orgullosa de ser hija del gran
    patriota y tú [Vidalito] debes sentirte orgulloso de ser [su] nieto (…)
    Esa tarde yo lo llevo a casa de Emilio, [quien] dormía en la azotea en
    un cuartico (…) Subí y le dije: ‘Tengo allá abajo a Fidel Castro’.
    ‘¡Coño!, pero ¿cómo me vas a traer esa mierda aquí?’ Le dije: “Esa
    mierda te la traigo porque hay que protegerlo porque lo van a matar. Es
    un muchacho simpático, agradable y lo vamos a meter en la organización
    para que funcione con nosotros’. ‘Bueno, tráelo, súbelo’. Entonces
    cuando llegó Fidel le dijo a Tro: ‘Una de las más grandes emociones que
    tengo es haberlo conocido a usted. Usted es uno de los hombres que yo
    más admiro en Cuba’. Y ahí mismo se lo echó en el bolsillo. [Se
    notificó] a todas las organizaciones inmediatamente que Fidel Castro era
    miembro de la UIR y que no lo molestaran más (…) Tro se apareció a las
    seis de la mañana en casa de Leonel, lo sacó por el cuello [y] lo
    embarcó para México. Leonel entonces empezó a hacerle llamadas y
    mandarle carticas a Tro para que lo perdonara [y] lo perdonó con la
    condición que no molestara más a Fidel Castro”.
    La revolución del 33 se había ido a bolina, pero también dejado al
    garete grupos de acción que bastardearon hasta el gangsterismo. Durante
    la presidencia (1944-48) del Dr. Ramón Grau, quien acuñó que “la
    cubanidad es amor”, sobrevinieron 64 asesinatos políticos y más de 24
    secuestros en busca de rescate. Cinco jefes de la policía de La Habana
    murieron o renunciaron en un solo año[4]. La cosa siguió con el gobierno
    de Carlos Prío, a tal extremo que Batista alegaría el pistolerismo como
    justificación para tomar el poder con su propia pandilla de militares.
    En este ambiente cultural se forjó aquel joven de “aspecto un tanto
    aguajirado” que —según el finado José Ignacio Rasco— venía del Colegio
    de Belén y había disertado ya, en ejercicio asignado por el Padre
    Rubinos, sobre la necesidad del dictador. Desde luego que Castro anduvo
    en la UH bien ensillado. No por gusto su relato de la convalecencia tras
    caer aparatosamente en Santa Clara, el 20 de octubre de 2004, incluye
    este pasaje: “Dispongo de una Browning de 15 tiros (…) Lo primero que
    quise ver fue si mi brazo tenía fuerza para manejar esa arma que yo
    siempre usé. Esa está al lado de uno. Moví el peine, la cargué, le puse
    el seguro, se lo quité, le saqué el peine, le saqué la bala y dije:
    Tranquilo”[5].

    Extensión universitaria
    Castro no matriculó el curso regular 1947-48 por alistarse en la
    expedición de Cayo Confites contra el dictador dominicano Rafael
    Trujillo, la cual abortó a fines de septiembre de 1947, pero le permitió
    sacar la doble lección de “cómo no se debe organizar algo [y] cómo hay
    que escoger a la gente”[6]. Sus actividades extracurriculares
    continuaron con la tángana de la campana de La Demajagua, durante la
    cual el conservador Diario de la Marina equivocadamente identificó a
    Castro, el 4 y el 9 de noviembre de 1947, como vicepresidente de la FEU
    y presidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho.
    Luego Castro se embarcó —por cuenta del presidente argentino Juan Perón—
    en el ademán estudiantil de dar contracandela a la IX Conferencia
    Panamericana, que confluyó el 9 de abril de 1948 con El Bogotazo. Toda
    la chismografía sobre Castro como agente del comunismo internacional
    allí y entonces se aplaca con la observación del embajador americano
    interino Lester Mallory en su informe de 26 de abril de 1948 a
    Washington desde La Habana: “Si bien no hay pruebas de que sea
    comunista, hay más que suficientes de que es un personaje indeseable y
    gángsteril”. La CIA consideraba a Castro “uno de esos ‘líderes
    estudiantiles’ en Cuba que se las arreglaba para involucrarse en muchas
    cosas que no le concernían”, según memo fechado el 17 de noviembre de
    1948 en La Habana por el vicecónsul Varnum Lansing Collins, Jr.
    Desde Colombia Castro regresó a la patria de polizón en un avión de
    carga, por gestión de la embajada cubana. El 12 de octubre de 1948
    formalizó matrimonio con Mirta Díaz-Balart, estudiante de la Escuela de
    Filosofía y Letras, en la Iglesia Nuestra Señora de la Caridad, de
    Banes, Oriente. Tras pasar una semana de luna de miel en Miami Beach y
    alrededor de un mes en Nueva York, ambos retornaron a La Habana, se
    alojaron el Hotel Andino y reiniciaron sus estudios, que Castro concluyó
    el 13 de octubre de 1950 al graduarse en dos [Derecho y Derecho
    Diplomático] de las tres carreras matriculadas [la otra era Ciencias
    Sociales].
    En el ínterin Castro participó en el acto de repudio a pedradas contra
    la embajada americana, el 12 de marzo de 1949, por el ultraje de marinos
    estadounidenses a la estatua de José Martí en el Parque Central[7], así
    como en la puja electoral del Partido Ortodoxo. Fue uno de los oradores
    del rally a favor de Eddy Chibás en Santiago de Cuba y hacia la
    primavera de 1950 lo nominaron candidato a delegado por el distrito de
    Cayo Hueso, pero no salió en las primarias.

    Coda
    Al egresar de la UH, Castro montó bufete con Jorge Azpiazo y Rafael
    Resende. El 5 de septiembre de 1951 se engolfó en la causa penal
    políticamente relevante contra los oficiales de la policía Rafael Casals
    y Rafael Salas Cañizares por la muerte del activista ortodoxo Carlos
    Rodríguez. Para las elecciones de junio de 1952, el líder ortodoxo
    Manuel Bisbé nominó a Castro como candidato a representante, pero Carlos
    Márquez Sterling dice haberlo sacado de la boleta el 9 de marzo de 1952.
    Al día siguiente llegó el general y mandó a parar.
    Castró largó enseguida el panfleto ¡Revolución no, zarpazo! y acusó a
    Batista ante el Tribunal de Urgencia. El 1ro de mayo asistió al rally
    ortodoxo en el Cementerio de Colón para conmemorar la muerte de Carlos
    Rodríguez. Aquel “político sin plataforma [y] abogado sin clientes”
    —apud Hugh Thomas[8]— se topó allí con Abel y Haydée Santamaría, Raúl
    Gómez García, Chucho Montané, Melba Hernández y Elda Pérez Mujica,
    quienes repartían el boletín mimeografiado Son los mismos. Así nació el
    grupo político con que Castro encauzaría su voluntad de poder contra un
    dictador y, usando todas las mañas aprendidas en la UH, terminaría
    siendo otro mucho más apropiado para la nación cubana.

    [1] Biografía a dos voces, Debate, 2006, 107
    [2] De la Cova, Antonio Rafael: The Moncada Attack, Editorial de la
    Universidad de Carolina del Sur, 2007, 14
    [3] La entrevista completa, junto con otras muchas de valor histórico,
    está disponible en el sitio Latin American Studies
    [http://www.latinamericanstudies.org/]
    [4] De la Cova, Antonio Rafael: Ob. cit., 11
    [5] Biografía a dos voces, ed. cit., 561
    [6] Ibídem, 125
    [7] De la Cova, Antonio Rafael: Ob. cit., 27
    [8] Cuba: The Pursuit of Freedom, Harper & Row, 1971, 821

    Source: Fidel Castro y la Universidad de La Habana – Artículos – Cuba –
    Cuba Encuentro –
    http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/fidel-castro-y-la-universidad-de-la-habana-323562

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