Act of Repudiation
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    Manipular bien

    Manipular bien
    FERNANDO DÁMASO | La Habana | 23 Sep 2015 – 10:35 am.

    Lo mismo en actos de repudio que en el recibimiento del Papa, el
    Gobierno cuenta con ‘el pueblo’.

    En el editorial “Bienvenido Papa Francisco”, publicado el martes 15 por
    el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, se
    planteaba que “Su Santidad podrá apreciar el respeto, afecto y
    hospitalidad, que todos le brindaremos…”, “Constatará nuestro
    patriotismo y el arduo y fructífero esfuerzo de la Nación para enaltecer
    al ser humano”, “Las misas contarán con la presencia masiva de
    compatriotas de todas las provincias”, “Escucharemos las palabras de Su
    Santidad con respeto y atención, mostrando que somos un pueblo educado y
    noble”, y terminaba “después de haberle ofrecido una fehaciente
    demostración de nuestra unidad, solidaridad y compromiso con la
    Humanidad”. Sin lugar a dudas, muchas palabras bonitas.

    Los políticos de todas las tendencias siempre han sido adictos a emplear
    la palabra “pueblo” para designar a la masa, multitud o muchedumbre que
    los apoya, obviando al resto de los componentes de la sociedad, como si
    no existieran.

    Ya en el siglo XX, Gustavo Le Bon escribió un interesante libro titulado
    Psicología de las multitudes, donde explicó en detalle cómo éstas pueden
    ser fácilmente manipuladas, en interés de los más disímiles y
    contradictorios objetivos.

    A partir de enero de 1959, el “pueblo”, entonces mayoritariamente
    “revolucionario”, al igual que lo había sido después de la caída de la
    dictadura de Gerardo Machado en 1933, cumpliendo lo indicado por sus
    líderes triunfantes, se dio a la tarea de desmontar el sistema
    capitalista y todo lo que tenía algo que ver con él, fuera real o
    imaginario. Entre los muchos afectados, la Iglesia Católica no salió
    indemne: decenas de sacerdotes, acusados de “falangistas”, fueron
    expulsados del país, muchos de ellos en el tristemente célebre vapor
    Covadonga. Numerosas iglesias, ahora sin sacerdotes, fueron cerradas y
    sus locales utilizados para fines ajenos a la religión, y hasta las
    campanas de algunas sirvieron como alarmas en los campamentos militares.
    Instalaciones pertenecientes a la Iglesia fueron convertidas en unidades
    militares o centros de la Seguridad del Estado —Seminario de El Calvario
    y Villa Marista—, los colegios católicos se intervinieron, las
    procesiones religiosas fueron desorganizadas por grupos extremistas
    gubernamentales infiltrados en ellas, y después totalmente prohibidas,
    las festividades católicas abandonaron los almanaques —Semana Santa,
    Navidad y otras— y, debido a la presión social imperante, en la mayoría
    de los hogares cubanos desparecieron las imágenes religiosas o fueron
    confinadas a los armarios.

    El caso más significativo fue el de los cuadros que mostraban al Sagrado
    Corazón, presencia tradicional en las salas de muchas de nuestras
    viviendas. No solo la Iglesia católica fue afectada, aunque lo fue más
    que ninguna, sino también muchas otras denominaciones religiosas y hasta
    simples ciudadanos, ya que bautizar a los hijos o casarse por la Iglesia
    era considerada una actitud contrarrevolucionaria. Recordemos las
    famosas planillas para acceder a estudios o trabajos, donde una pregunta
    siempre presente era si se tenían creencias religiosas. Responder sí o
    no abría o cerraba caminos. Tampoco deben olvidarse las continuas
    “marchas del pueblo combatiente”, las “tribunas antiimperialistas”
    sabatinas y los famosos “actos y mítines de repudio”, con gritería y
    violencia incluidas, habituales entonces, y que aún hoy se repiten
    contra las Damas de Blanco y algunos disidentes.

    En todas estas “actividades”, manipulado por las autoridades
    gubernamentales, participó “combativo y entusiasta” este denominado
    “pueblo”, el mismo que después fuera “convocado” para recibir a los
    Papas Juan Pablo II en 1998 y Benedicto XVI en 2012 y acudir a sus
    misas. Ahora, este mismo “pueblo” es el que fue “convocado” para recibir
    al papa Francisco y acudir a sus misas. Esto no niega ni reduce la
    importancia de la participación voluntaria de muchos cubanos, creyentes
    y no creyentes ajenos a estas manipulaciones, con alegría, devoción y
    respeto en estos actos.

    O sea, toda la palabrería bonita del editorial era innecesaria: este
    “pueblo”, el único reconocido por las autoridades, está más que
    demostrado, es fácil de manipular: lo mismo puede participar, de forma
    masiva y combativa, en una marcha gritando improperios, en una tribuna
    antiimperialista o en un deleznable acto o mitin de repudio contra quien
    le ordenen, que en el recibimiento entusiasta a cualquier personalidad
    que se determine.

    En el caso del papa Francisco, debido a la gran importancia política que
    el Gobierno concedió a su visita y a los posibles dividendos a obtener,
    éste se extremó y destinó todos los recursos necesarios para asegurar el
    éxito, a pesar de la difícil situación económica existente en el país.
    Esta gran movilización política, social y constructiva —que además de
    múltiples y repetidos mensajes por los medios de información y la
    transportación de los participantes a los eventos, incluyó, en los
    itinerarios que utilizaría el Papa, la reparación de calles y aceras, la
    restauración de las áreas verdes y del alumbrado público y la limpieza y
    pintura de las fachadas de los inmuebles—, recordó un clásico del cine
    español: Bienvenido Mr. Marshall.

    Ojalá no haya terminado en igual frustración.

    Source: Manipular bien | Diario de Cuba –
    http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1442997352_17095.html

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