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    Cremata redacta las instrucciones básicas para ser “buen revolucionario”

    Cremata redacta las instrucciones básicas para ser “buen revolucionario”
    ORLANDO PALMA , La Habana | Diciembre 22, 2015

    El dramaturgo y director de cine Juan Carlos Cremata ha cuestionado este
    martes el uso oficial de la palabra “revolucionario” y ha propuesto
    redefinirlo. En un correo electrónico enviado a decenas de
    destinatarios, el creador redacta una lista de requisitos para ser
    considerado como fiel al sistema cubano, entre los que detalla con
    ironía acercarse “a la gente con poder”, disimular, aplaudir y repetir
    lo que “le manden a pensar, decir o hacer”.

    Cremata parte de la explicación que el Diccionario Larousse Ilustrado,
    publicado por el Instituto Cubano del Libro, ofrece sobre el vocablo
    “revolucionario”, en la que se define como agitador, rebelde, subversivo
    e incendiario. En tono sarcástico, el director de la cinta El premio
    flaco (2009) desmenuza las características de quienes son considerados
    por el Gobierno cubano como exponentes de ese concepto.

    Defender “con apego, vehemencia y arrojo, como si fuesen únicamente
    suyos, los símbolos patrios” forma parte del comportamiento de un “buen
    revolucionario”, describe Cremata. “De ser posible” que “duerma abrazado
    a la bandera”, satiriza el artista o que se mande “a hacer un tatuaje en
    el pecho con el escudo nacional, pues a la espalda, podrá agregar a la
    mismísima Caridad del Cobre, el guerrillero heroico o al comandante en
    jefe”, agrega.

    En uno de los momentos de mayor crítica dentro de su texto y en alusión
    directa a Fidel Castro, Cremata insta a ese “revolucionario” a citar las
    “palabras dichas por el histórico máximo líder”. Y añade: “No se
    preocupe si en ello no es exacto. ¡Total! Él habló tanto, durante tantos
    años, que cualquiera de sus extensos discursos podrá servirle para
    argumentar diatribas”.

    Esta crítica contra el expresidente se suma a las interpretaciones que
    se hicieron de la obra El rey se muere, sacada de cartelera a principios
    de julio pasado y en la que los funcionarios culturales vieron una burla
    a la figura de Fidel Castro. Ahora, Cremata deja a un lado las metáforas
    y se lanza de lleno contra los largos discursos del “comandante en jefe”.

    La cercanía a los poderosos, el compartir “con ellos hasta opiniones
    contrarias, malos pasos, onomásticos eternos, fiestas aburridas, chistes
    pesados, pésimas ideas o decisiones retrógradas, arbitrarias y con
    escasa visión de futuro”, ayudarían a mantenerse a salvo y progresar al
    “revolucionario”, parodia el director. Aunque aclara: “Nada de eso le
    dará garantías de que, en caso de que falle la gestión, alguno pueda
    tenderle la mano luego; pero mientras estén al mando, disfrutará a
    plenitud de todos los desvíos de recursos y desmanes asociados con el
    cargo”.

    El dramaturgo recomienda que, para ganarse la confianza del oficialismo,
    es necesario considerar “a cualquiera que le lleve la contraria, como un
    contrarrevolucionario” y sugiere que en el debate sea “muy efectivo
    alzar la voz, maldecir, refunfuñar, poner mala cara, e inclusive, es
    bastante posible que le aplaudan el empleo déspota y opresivo de algunos
    golpes o maltratos”.

    Un “‘revolucionario’ mientras menos razón demuestre, más oportunidades
    tendrá de ser pronto parte integrante de nuestras aguerridas Brigadas de
    Acción Rápida”, sentencia el autor del correo electrónico y explica que
    se le tendrá “en cuenta para un eventual acto de repudio” a cambio “de
    una cajita de comida, o un pulóver diseñado con hermosos lemas
    contundentes, podrá pasarse todo el santo día gritando y evacuando sus
    peores más bajos instintos”.

    En el quinto punto de las recomendaciones, se llama a quien quiera
    agradar al poder a que “utilice siempre al bloqueo y la injerencia
    imperialista, como los argumentos más eficaces para zanjar disputas”.
    Porque, critica el autor, “toda la culpa será eternamente de ellos,
    aunque hayamos sido nosotros los que hayamos procedido mal en un principio”.

    Alimentar “la envidia”, “cumplir con horas de vigilancia a los vecinos,
    o a sus compañeros de trabajo más cercanos” y “redactar informes
    exhaustivos de cada una de las actividades detectadas”, serían tareas
    impostergables a desarrollar por un “revolucionario” que se apegue a la
    definición en uso en la sociedad cubana. Ser “capaz de denunciar hasta a
    su madre, si es preciso” porque la “chivatería” se le premiará “con la
    entrega del correspondiente diploma, certificado, reconocimiento o
    medalla al mérito, que si bien no le servirán para nada en el mercado
    agropecuario (y mucho menos en las tiendas recaudadoras de divisas)
    adornaran las gavetas, o paredes de su casa”, sentencia.

    Como burla a la unanimidad, el director de la película Chamaco (2010)
    aconseja al “revolucionario”: “Si percibe que todos elevan la mano,
    levántela también. Aunque no haya entendido nada, o hubiese estado
    pensando en otra cosa”, “el uso exacerbado de consignas, congas,
    estribillos y charangas, hasta quedarse casi ronco. Gritar “pin pon
    fuera, el que no salte es gringo y abajo la gusanera”, se incluyen entre
    sus burlescas recomendaciones.

    El texto concluye en una nota de advertencia sobre la “fecha de
    vencimiento” de las recomendaciones, dado que la “denominación y calidad
    del revolucionario, últimamente, se mueve acorde al antojo, o criterio
    personal e intransferible, del autócrata, cabecilla o paladín alterno,
    que sustente a su arbitrio la autoridad”. Para quienes son catalogados
    como “disidentes”, “se le presionará con argucia y tino su salida al
    exilio, o a sobrevivir las bondades del sistema, en apartado silencio y
    retiro”, asegura Cremata, en referencia a la estigmatización que ha
    sufrido con posterioridad a la censura de su obra y el fin de su
    contrato como dramaturgo.

    Con tono pesimista, el artista apunta: “Así ha sido, y parece que
    siempre acontecerá, en este archipiélago rodeado por agua y desbordado
    por la intolerancia, la insensatez”, aunque asegura: “Nuestros sucesores
    se cuestionarán sin dudas cómo pudimos coexistir o cohabitar de esta
    manera”.

    Source: Cremata redacta las instrucciones básicas para ser “buen
    revolucionario” –
    www.14ymedio.com/cultura/Cremata-redacta-instrucciones-basicas-revolucionario_0_1912008787.html

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