Act of Repudiation
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    Cuba – tácticas de la Seguridad del Estado para aparentar apoyo al gobierno

    Cuba: tácticas de la Seguridad del Estado para aparentar apoyo al gobierno
    mayo 10, 2016
    Iván García Quintero

    No es nuevo que marginales y delincuentes colaboren con la Seguridad del
    Estado. Tampoco los actos de repudio son una novedad.
    Daniel Llorente es un disidente espontáneo. No pertenece a ningún
    partido opositor ni es periodista sin mordaza. Va por su cuenta.

    El pasado 22 de marzo, con una bandera de las barras y estrellas
    alrededor del cuello en las inmediaciones de la embajada de Estados
    Unidos en La Habana, saludaba al presidente Obama después que éste se
    reuniera con un grupo de opositores, activistas y periodistas alternativos.

    Mulato, algo pasado de peso y de baja estatura, Llorente defiende la
    democracia auténtica, cree en la libertad de expresión y es abiertamente
    anticastrista. Sostiene su narrativa de manera pacífica.

    El lunes 2 de mayo, entre las numerosas personas que se dieron cita en
    la Avenida del Puerto para recibir al crucero Adonia, era entrevistado
    por corresponsales extranjeros cuando, aparentemente de manera
    espontánea, un señor delgado con gorra gris, interfiere en su
    intercambio con la prensa, primero contradiciéndolo, acto seguido,
    dispara una coletilla de apoyo al régimen y acaba insultándolo.

    Muy cerca, cinco o seis tipos musculosos con pinta de militares vestidos
    de paisano se sumaron a la disputa con los típicos linchamientos
    verbales de Mercenario, Traidor y Vendepatria, ‘reventando’ la
    entrevista de Llorente con la prensa extranjera.

    Luego, un agente encubierto llamó a una patrulla y detuvieron al
    ‘disidente por cuenta propia’. Antes de abordar el auto policial,
    recibió algunos bofetones. No se necesita ser muy perspicaz para
    comprender que todo fue un montaje.

    Cuando el altercado entró en calor, al acto de repudio se sumaron
    personas que, supuestamente, por educación doctrinaria no están
    acostumbrados a las diferencias de criterios.

    La barra de agentes vestidos de civil siempre se encontraba en las
    inmediaciones donde la prensa independiente y extranjera realizaba su
    labor. Cuando escuchaban opiniones críticas de los entrevistados al
    gobierno, se oían gritos de Viva Cuba. Pero nada fue casual.

    Según un vecino de San Isidro, barrio a tiro de piedra de la terminal de
    cruceros, “la señora que pedía tirar al agua al tipo (Daniel Llorente)
    se dedica a vender ropa en el mercado negro. Tiene varias actas de
    advertencia por la policía y el trato que ha hecho con ellos es
    denunciar a los que venden drogas o se prostituyen en la zona. El negro
    con tatuaje es otro descarado y corrupto, estuvo en la guerra de Angola
    y pertenece a la asociación del combatiente, al igual que el viejo que
    comenzó la discusión, un come candela del CDR”.

    No es nuevo que marginales y delincuentes colaboren con la Seguridad del
    Estado. Tampoco los actos de repudio son una novedad. Muchos analistas
    creen que se iniciaron en 1980 a raíz de la emigración de ciento veinte
    cinco mil cubanos por el Puerto del Mariel.

    Pero su fecha se remonta más atrás. Tan lejos como en la primavera de
    1959, cuando partidarios de Fidel Castro, bajo la permisividad de las
    autoridades, quemaban diarios y revistas que reprochaban al gobierno.

    Esas turbas llegaron a injuriar a periodistas críticos a Castro. Y
    formaron parte de la puesta en escena del ‘pueblo ofendido por el rol
    antipatriótico de la prensa’.

    Se movilizaban a sectores populares para enfrentar las discrepancias o
    en apoyo a las medidas de Castro. Lo mismo se condenaba a homosexuales,
    amantes de rock, que a dueños de un puesto de fritas.

    El año 1980 marcó un giro en los actos de repudio. Ya los que se iban no
    eran desclasados ni burgueses. Tampoco ‘mercenarios ni
    contrarrevolucionarios’. Formaban parte de esa masa silenciosa que
    aparenta aplaudir una causa, pero que a la primera de cambio huye de su
    patria.

    Esos linchamientos verbales llegaron a ser muy violentos. Se reportaron
    decenas de heridos por golpizas o lanzamientos de piedras de personas
    enardecidas.

    En la actualidad, el reprobable método se usa principalmente contra la
    disidencia. La sede de las Damas de Blanco en Lawton o la casa de
    Antonio Rodiles en Miramar, ha sido rodeada por niños y jóvenes de
    escuelas cercanas que acuden sin siquiera conocer el trasfondo del
    suceso. Montan una pachanga con música para ‘reventar’ las actividades
    previstas por la oposición.

    El 20 de marzo, justo cuando el Air Force One de Barack Obama despegaba
    hacia La Habana desde la base militar Andrew en Estados Unidos, los
    cowboys de la policía política formaban su escudo humano con alrededor
    de trescientas personas, para repudiar a las Damas de Blanco y
    activistas disidentes.

    Eso ocurre desde hace más de un año cada domingo. Después que los
    opositores salen de la iglesia de Santa Rita, comienzan los insultos,
    golpes y detenciones. Las autoridades policiales pudieran detener a los
    disidentes alegando cualquier motivo, sin tener que recurrir a la
    violencia o el show.

    Pero forma parte del decálogo de la autocracia: contraponer a las
    diferencias políticas un enjambre, siempre superior en número, de
    revolucionarios ‘disgustados’ con aquéllos que se oponen a los Castro.

    En la preparación de un acto de repudio se gasta, sin consultar con el
    ciudadano de a pie, el dinero del erario público. Se desvían buses del
    transporte urbano y se paralizan los comercios de la zona. Se movilizan
    a cientos de estudiantes y trabajadores de los alrededores que se
    mezclan con paramilitares de las llamadas Brigadas de Respuesta Rápida.

    Todos los hilos los manejan oficiales expertos del Departamento de
    Seguridad del Estado. Son estrategias gastadas. Cualquier disidente o
    periodista alternativo cubano lo ha sufrido. Su función sigue siendo
    amedrentar al contrario y comprometer a sus partidarios.

    El propósito muy simple: la calle y los espacios públicos pertenecen
    exclusivamente a los seguidores de Fidel Castro. Puede que no sea
    fascismo. Pero anda cerca.

    Source: Cuba: tácticas de la Seguridad del Estado para aparentar apoyo
    al gobierno –
    www.martinoticias.com/a/cuba-apoyo-tecnicas-seguridad-estado-oposicion/121842.html

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