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    El emigrado debe hacer méritos para entrar a Cuba

    El emigrado debe hacer méritos para entrar a Cuba
    MARIO J. PENTÓN, Miami | Julio 21, 2016

    Con la ropa manchada de sangre, heridas y hematomas en los brazos,
    regresó a Miami Ana Margarita Perdigón Brito del aeropuerto José Martí
    de La Habana el pasado mes de junio. Nadie le supo contestar bajo qué
    argumento el Estado cubano le prohibía a ella, ciudadana de ese país y
    con los papeles en orden, la entrada a la tierra que la vio nacer.

    “Se trata de una venganza del Gobierno cubano hacia los emigrados. Es
    una especie de chantaje por el cual, si tú te comportas como ellos
    desean, -es decir, sin ser contestatario-, puedes entrar a tu país, pero
    si te atreves a criticar al régimen puedes perder ese derecho”, dice la
    activista, que salió de Cuba en 2012 para vivir en EE UU.

    La exiliada cubana, que reside en Homestad, en el sur de Florida,
    intentó entrar por segunda vez a Cuba para visitar a su madre enferma en
    la provincia de Sancti Spíritus. “La primera vez me regresaron desde el
    aeropuerto de Miami, cuando intentaba volar a Santa Clara. En esta
    segunda ocasión, me dejaron llegar a La Habana, pero una vez allí me
    dijeron que no podría ingresar en el territorio nacional porque, según
    el sistema, yo tenía prohibida la entrada a Cuba”, comenta.

    Su pasaporte se encuentra actualizado y vigente, con las prórrogas
    correspondientes además de la habilitación, un permiso de entrada por el
    cual deben pagar los cubanos residentes en el exterior y que
    supuestamente tiene vigencia “para toda la vida”, aunque puede ser
    anulado por los funcionarios cubanos.

    “Se trata de una venganza del Gobierno cubano hacia los emigrados. Es
    una especie de chantaje por el cual, si tú te comportas como ellos
    desean, puedes entrar a tu país”
    Intentó en vano convencer a los agentes de Inmigración para que le
    permitieran hablar con un superior o que le explicaran bajo qué
    argumentos le impedían el acceso a un derecho universal. La respuesta
    siempre fue la misma: “El sistema indica que usted tiene prohibida la
    entrada. Debe regresar”, mientras le insistían que si quería entrar al
    país debería pedir una visa humanitaria.

    La práctica no es nueva, de Arturo Sandoval a Celia Cruz, un número
    considerable de cubanos han tenido que vérselas con la todopoderosa
    Dirección de Inmigración y Extranjería a lo largo de las últimas seis
    décadas para entrar a la Isla. En mucho casos infructuosamente, como ha
    ocurrido con varias personas que no pudieron asistir ni siquiera al
    funeral de sus padres. Muchos expertos pensaban que con la nueva ley
    migratoria, promulgada en 2012, cambiaría la situación, pero no ha sido así.

    Perdigón cree que se trata de una muestra más de la falta de escrúpulos
    del Gobierno cubano en relación con la diáspora. “Ellos no me perdonan
    el activismo que realicé dentro de Cuba”, explica.

    Al no tener respuesta sobre su caso, intentó escapar del local donde la
    habían conducido los oficiales de inmigración y en un forcejeo resultó
    herida y golpeada. “Traté de no mendigar mi derecho sino conquistarlo
    [porque] nadie está obligado a obedecer leyes injustas”, como decía Martí.

    Originaria de la provincia de Sancti Spíritus, tanto ella como su
    familia pertenecieron a diversos movimientos independientes, integrando
    partidos políticos e iniciativas a favor de la promoción de los derechos
    humanos.

    “En muchas ocasiones fuimos reprimidos y sufrimos actos de repudio. Una
    tarde mi hija pequeña llegó corriendo asustada para avisarme de que
    venían muchas personas gritando. Era un acto de repudio que me habían
    preparado en el barrio. En otra ocasión, nos dieron una golpiza tremenda
    en un pueblo llamado Tuinucú y nos encarcelaron”, recuerda.

    Su caso no es único. Según estadísticas independientes compiladas por
    los medios, decenas de historias similares han ocurrido en los últimos
    años. Sin embargo, no existen datos oficiales sobre el número de cubanos
    a los que se les ha prohibido la entrada al país.

    “Las personas no reclaman sus derechos públicamente y no denuncian estas
    situaciones arbitrarias”, comenta desde Cuba, vía telefónica, la
    directora del Centro de Información Legal Cubalex, Laritza Diversent
    Cambara. “Cuando vamos a revisar estadísticas, países como Canadá tienen
    más denuncias sobre violaciones a los derechos humanos que Cuba y todos
    sabemos que se trata de desconocimiento o falta de información sobre el
    lugar adecuado para reclamar sus derechos, porque si algo sobra en este
    país son violaciones a los derechos humanos”, argumenta.

    Según la abogada, no está contemplado en la legislación cubana la
    denegación de entrada a los connacionales. “Se trata de una decisión
    discrecional de la Seguridad del Estado o de la Dirección de Inmigración
    y Extranjería, pero no existen leyes que regulen eso, por lo cual las
    personas están expuestas a los caprichos y abusos de funcionarios”,
    opina la jurista.

    “No puedan dar los motivos por los cuales niegan la entrada al país. No
    arguyen que sea por una amenaza terrorista o porque a la persona le
    falta algún documento o trámite. Sencillamente se trata de una decisión
    arbitraria”, añade.

    La práctica no se circunscribe solamente a disidentes, activistas y
    opositores. Diversent cuenta que su oficina atendió el caso de un
    balsero que abandonó la Isla en 2011 y que continuó viajando
    regularmente, hasta que en 2015 las autoridades cubanas le comunicaron
    que no podría entrar nuevamente al territorio nacional.

    14ymedio ha conocido casos similares de periodistas, médicos que se
    acogieron al programa Cuban Medical Professional Parole (CMPP) que
    ofrece Estados Unidos o religiosos.

    “En una ocasión, hice unas declaraciones a un diario local en España
    sobre la situación de penuria que vive el pueblo cubano y al regresar a
    la Isla me confrontaron en el aeropuerto varios oficiales, asegurándome
    que si volvía a hacer algo como eso me revocarían la residencia temporal
    de religioso”, comentó un misionero español que prefiere omitir su
    nombre por razones de seguridad.

    Las modalidades de impedir la entrada son tan variadas como los trámites
    a realizar para gestiones migratorias en Cuba. Hay personas a las que se
    les niega la habilitación del pasaporte, como fue el caso del conocido
    artista plástico Aldo Menéndez. En otras ocasiones, regresan a los
    cubanos a último minuto desde el aeropuerto del que pretendían volar a
    la Isla, como ocurrió a la activista Ana Lupe Busto Machado, o esperan a
    que aterricen en La Habana para después de que se han gastado 450
    dólares en la confección del pasaporte, 20 dólares en la habilitación o
    180 dólares en las prórrogas, más el precio del pasaje desde Miami que
    ronda los 500 dólares, decirles que no pueden entrar nunca más a su país.

    14ymedio intentó comunicarse con la Oficina de Inmigración y Extranjería
    de Cuba, pero las autoridades se negaron a responder sus preguntas.

    “No debe extrañarle a nadie este tipo de procedimientos”, dice el
    abogado Wilfredo Vallín, fundador de la Asociación Jurídica Cubana. “El
    Gobierno tiene un largo historial de acciones que no acatan su propia
    legalidad. ¿Acaso no estuvo vigente hasta hace poco una prohibición
    expresa e inconstitucional para que los nacionales no entraran a los
    hoteles? ¿Qué pasa con la movilidad humana dentro de la Isla? ¿No es
    regulada también?”.

    Source: El emigrado debe hacer méritos para entrar a Cuba –
    www.14ymedio.com/internacional/emigrado-hacer-meritos-entrar-Cuba_0_2039196066.html

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