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    Delación y miedo – El tesoro doméstico de Fidel Castro

    Delación y miedo: El tesoro doméstico de Fidel Castro
    Última actualización:noviembre 28, 2016
    Luis Felipe Rojas/ Martinoticias.com

    ¿A quién no le han pedido en Cuba que hable, que “chapee” bajito? ¿Quién
    no ha bajado el tono antes de hacer un comentario sobre Fidel Castro? Es
    la fortuna doméstica del castrismo: un soplón en cada esquina.
    ¿A quién no le han pedido en Cuba que hable, que “chapee” bajito? ¿Quién
    no ha bajado el tono antes de hacer un comentario sobre Fidel Castro? Es
    la fortuna doméstica del castrismo: un soplón en cada esquina.

    Cuando en 1961 el hijo triunfante del poblado de Birán anunció la
    creación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), echaba andar
    la aceitada maquinaria de la delación, de los hombrecitos de civil que
    se encargan, hasta hoy, del ‘correveydile’ entre vecinos y la temida
    Seguridad del Estado (G2).

    Cada empresa, hospital, institución cultural, estadio de Béisbol,
    oficina de multas o taller de zapatería es ‘atendido’ por uno o varios
    agentes, en dependencia de la importancia que revista para el país, o de
    la gravedad del suceso ocurrido dentro de sus instalaciones.

    Todos los conocen, muchos los esquivan. Estos ‘oficiales’ tienen un
    poder con pocos frenos. Si te marcan como “desafecto al proceso
    revolucionario” tardarás años para que te borren de esa lista, se
    olviden de ti o hagan la vista gorda con tu presencia. Si es que eso
    llega a ocurrir.

    Dentro de las oficinas provinciales de Seguridad del Estado está el
    Departamento de Enfrentamiento al Enemigo. Ellos se presentan de ese
    modo ante opositores, disidentes, escritores y periodistas
    independientes, así como ante aquellos artistas que alguna vez osaron
    rosar el poder o la figura de Fidel Castro con sus obras, metáforas o
    ironías.

    Desde ese nivel para abajo, los Oficiales de Enfrentamiento tienen
    compartimentos menos visibles y más torcidos. En las barriadas desandan
    aquellos Oficiales Honorarios (OH), muchas veces hombres y mujeres
    frustrados que vieron interrumpidas sus carreras hacia el Ministerio del
    Interior y hoy se consuelan con vigilar la casa de un opositor,
    denunciar a una viejita que vende coladas de café o al rapero que acabó
    de componer una canción contestataria.

    En una ocasión en que estuve detenido por cinco días y dormí en el piso
    de un salón de reuniones de la unidad policial del pueblo, fui
    custodiado alternativamente por casi una decena de jóvenes Oficiales
    Honorarios, al servicio del G2.

    Entre ellos estaba ‘Pedrito’, educador, militante de la Unión de Jóvenes
    Comunistas, acusado de robar y traficar televisores en una operación
    nacional del proyecto de Trabajadores Sociales. Pablo, ingeniero
    agrónomo y ex compañero de estudios, que no pudo responder a ninguna de
    mis preguntas sobre derechos humanos en Cuba y se escudó en que les
    tenían prohibido intercambiar con los detenidos.

    Conocí a otros un poco más despreciables y despreciados, como es Maikel
    Rodríguez Alfajarrín, apodado “Maikel La Chispa”. Ex cantinero, ex
    estudiante, ex civil y que alterna su castigo a los demás como miembro
    de la Brigada de Intervención de la Vivienda (Desalojos, multas y
    procesos penales) con la de soplón.. o Chivato, como le llaman los
    cubanos desde la década de 1930.

    Hay otros, hay muchos, no debo ser el único cubano que los ha sufrido.

    Los oficiales honorarios lucen su autoridad con un carné bajo rótulo de
    la Seguridad del Estado y que en alguna esquina tiene estampada la
    famosa sigla del G2.

    En el pueblo de San Germán, provincia Holguín, mi esposa hacía cola para
    comprar jabón en una tienda que solo vendía en dólares. Mes de mayo, y
    se acercaba el Día de las Madres. La cola es enorme, las mujeres pelean
    o conversan y llega “un seguroso”, un OH llamado Luis Pérez, y conocido
    por “Luis El Calvo”. La tienda solo acepta unas veinte personas dentro,
    los demás deben de esperar afuera, bajo el calor sofocante de ese mes.
    Cuando la portera se asoma para pedir que pasen los demás El Calvo le
    exige hablar con la Gerente: “Dígale que aquí hay un oficial de la
    Contrainteligencia que necesita unas bolsitas de nylon”.

    Murmullos, cejijuntos que no hablan, labios fruncidos, ojos que se
    mueven alocados dentro de sus órbitas son las reacciones ante el anuncio
    del oficial honorario.

    Todos integran y hasta coordinan las Brigadas de Respuesta Rápida (BRR)
    para vigilancia, acoso y actos de repudio. Muchos les temen, muchos les
    odian, pocos se atreven a desafiar el lápiz rojo conque estos malos
    cubanos te convierten en una no-persona.

    Source: Delación y miedo: El tesoro doméstico de Fidel Castro –
    www.martinoticias.com/a/delacion-miedo-tesoro-domestico-fidel-castro-cuba-/134356.html

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