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    El país de las vacas sagradas

    El país de las vacas sagradas
    [08-01-2017 19:38:26]
    Lcdo. Sergio Ramos

    (www.miscelaneasdecuba.net).- Tras la muerte del tirano Fidel Castro se
    ha destapado una fuerte represión contra los opositores, que este pasado
    año alcanzó la cifra record de 9,351 detenciones arbitrarias. Los
    extremos llegan hasta la crueldad de los absurdos, cuando el régimen no
    solo reprime la libre expresión, sino impone sentimientos al pueblo
    oprimido.
    La prohibición paso de lo sublime a lo ridículo cuando obligó a los
    trabajadores a ver el entierro del dictador so pena de cárcel si se
    negaba, tal como ocurrió en el caso de Darío Pérez Rodríguez en Holguín
    y Carlos Alberto González Rodriguez en Camajuaní, Villa Clara, y otros
    más a lo largo y ancho de la isla.

    Por otro lado, prohibieron las fiestas, carnavales, actividades
    religiosas festivas, o que las personas simplemente cantaran o
    escucharan música en sus celulares y hasta una sonrisa inocente al pasar
    el féretro.

    Peor aún lo fue el caso del artista Danilo Maldonado, conocido como ‘El
    Sexto’ al expresar su repulsa al régimen pintando un par de marranos con
    los nombres de ‘Fidel’ y ‘Raúl’. Hecho por el cual lo encarcelaron y al
    igual que los antes mencionados opositores.

    Resulta que en Cuba criticar a los jerarcas de la alta cúpula gobernante
    es un delito. Según el artículo 204 del Código Penal de Cuba establece
    que: “El que públicamente difame, denigre, o menosprecie a las
    instituciones de la Republica, a las organizaciones políticas, de masa,
    o sociales del país o a los héroes y mártires de la Patria, incurre en
    sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien
    a trescientas cuotas”.

    Y es que a los considerados “héroes” de la “Revolución” advienen a un
    estatus privilegiado de intocables Vacas Sagradas, cuya reverencia y
    culto es impuesto a un pueblo que tiene amordazada su libertad de
    expresión y ahora, para colmo, hasta su libertad de sentir.

    La razón por cual los tiranos, sobre todo los de corte totalitario,
    intencionalmente buscan ser venerados y tenidos como vacas sagradas,
    está en el miedo que le tienen al despertar de aquellos a quienes
    oprimen. El difunto dictador lo tuvo; ahora el tirano sucesor y su
    allegado séquito lo tienen en demasía.

    Desde los mismos comienzos de la toma del poder por el castrismo, se
    desplegó en el país un aberrante culto a la personalidad de Fidel
    Castro, al punto de transformarlo en un “dios”. En todos lados estaba su
    foto, en todos sitios su nombre, todos los periódicos repletos de sus
    citas y de alabanzas y pleitesías. Todo igual a lo que se hizo en la
    URSS con Stalin, o en China con Mao, o en Alemania con Hitler, o en
    Italia con Mussolini, o como hoy día lo hacen en Corea del Norte con Kim
    Jong-Un.

    Nada nuevo, los dictadores buscan divinizarse para amedrentar y aturdir
    con su fabricada aureola, a los pueblos que someten. Los faraones se
    hacían los dioses ante el ancestro pueblo egipcio. Los emperadores
    romanos se vendían como divinidades ante el pueblo de Roma. Los reyes y
    hasta algunos dictadores, lo fueron “por la gracia de Dios”.

    El hacerse “sagrados” le dan el don de poseer la única verdad y la
    potestad absoluta de castigar el pecado de la “irreverencia” por la
    crítica a sus actos y la desobediencia ante sus dictámenes.

    Luego de la muerte de Castro, el seudo-parlamento cubano emitió una ley
    para regular el uso de la figura del fallecido tirano, que a la larga es
    un medio para controlar las críticas y sátiras que pudieran hacerse de
    él o para evitar que un buen día un valiente ciudadano escriba un
    ‘grafiti’ al pie de su foto o de su estatua destacando la verdad
    innegable de sus nefastas cualidades: ‘Tirano’, ‘genocida’, ‘asesino’,
    ‘esbirro’, etc., etc., etc.

    Al fin y al cabo, los pueblos no tienen que rendir pleitesías a sus
    opresores, pues aquel que le priva la libertad a un pueblo no merece
    respeto, sino repudio. No se les venera, sino se les enfrenta. No se les
    obedece, sino se les combate.

    Source: El país de las vacas sagradas – Misceláneas de Cuba –
    www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/587287223a682e0d5002e521#.WHNq5vkrL6Q

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