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    A sus 55 años, la UJC pierde relevancia pero no se quiere jubilar

    A sus 55 años, la UJC pierde relevancia pero no se quiere jubilar
    ZUNILDA MATA, La Habana | Abril 04, 2017

    Hubo una época en que su carné rojo infundía orgullo y la mayoría de los
    adolescentes soñaba con entrar en sus filas. Pero aquellos tiempos
    quedaron atrás para la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), una
    organización que este martes cumple 55 años con una imagen envejecida y
    un notable decrecimiento en el número de militantes.

    Fundada en 1962, la UJC era un remedo de los komsomoles soviéticos al
    conformarse como un frente juvenil que sirviera de cantera para el
    Partido Comunista de Cuba (PCC). En medio del entusiasmo de aquellos
    años se dieron masivos “procesos de crecimiento” con la incorporación de
    numerosos miembros, pero en la actualidad muchos evaden o rechazan esa
    posibilidad.

    “Nunca me cuestioné entrar o no en la UJC, fue lo que todos mis
    compañeros de aula hicieron y me sumé”, recuerda Gladys Marrero,
    enfermera jubilada que militó durante más de una década en la entidad.
    “En aquellos años todo era diferente, la gente se creía mucho más lo que
    se decía en las reuniones”, opina.

    Marrero fue sancionada en su comité de base en 1980 por no participar en
    los actos de repudio contra quienes emigraron a través del puerto de
    Mariel. “En el policlínico donde trabajaba una técnica del laboratorio
    pidió la baja para irse y la UJC preparó un mitin para despedirla”,
    recuerda. No quiso ser parte de “aquella payasada” y le retiraron el carné.

    De los casi tres millones de jóvenes que viven en Cuba, según el último
    Censo de Población y Vivienda de 2012, solo 300.752 están afiliados a la
    UJC en 33.000 comités de base a lo largo de la Isla. La cifra queda muy
    por debajo de los casi 600.000 miembros que llegó a rozar en el año
    2007, cuando el país vivía en medio de la efervescencia de la Batalla de
    Ideas.

    Yosvani, de 25 años y residente en Aguada de Pasajeros en Cienfuegos,
    fue de los jóvenes que se enroló por aquellos años en la organización.
    “Varios dirigentes municipales llegaron al preuniversitario y dijeron
    que iban a hacer un proceso de crecimiento masivo en todo el país, de
    más de 10.000 nuevos militantes”, cuenta a este diario.

    Con el tiempo, el joven perdió interés porque “había demasiadas
    reuniones” y “nos convocaban para cualquier cosa”. Un día fingió un
    serio problema de salud y pidió la baja. En su comité de base “se fueron
    más de la mitad de los militantes”, asegura. Algunos alegaron
    complicaciones familiares, pero Yosvani cree que en realidad lo hicieron
    por “la falta de interés”.

    En Nuevo Laredo, México, varios jóvenes de los que esperan entrar a
    Estados Unidos también tuvieron alguna vez un carné rojo en el bolsillo.
    Richard, nombre ficticio para evitar represalias, lleva dos meses varado
    en la zona tras la eliminación de la política de pies secos/pies
    mojados. Aunque se autodenomina “revolucionario” no tiene planeado
    hablar sobre su filiación ante los oficiales de inmigración
    norteamericanos en caso de que “echen para atrás la decisión de Obama y
    dejen entrar a los cubanos”.

    El migrante, que conversó a través de videoconferencia con 14ymedio, se
    desempeñó como secretario general de su comité de base y cree que “la
    UJC ayudó a muchos jóvenes a no caer en la delincuencia y a encaminar
    sus vidas”. Sin embargo, opina que la organización “cayó en la rutina”
    aunque “todavía tiene amplia presencia en los centros de estudio y de
    trabajo, por lo que se podría aprovechar esa estructura”.

    A mediados del pasado año una joven migrante cubana fue declarada
    “inadmisible” por las autoridades estadounidenses porque confesó haber
    pertenecido a la Unión de Jóvenes Comunistas entre 2010 y 2013.

    La ausencia de liderazgo también ha lastrado la actividad de estos
    komsomoles. De la docena de primeros secretarios que ha tenido la
    entidad desde su creación, más de la mitad terminaron defenestrados
    mientras estaban al mando de la UJC o en funciones posteriores. Los
    casos más sonados fueron los de Luis Orlando Domínguez (1972-1982),
    Carlos Lage (1982-1986) y Roberto Robaina (1986-1993). El temor a acabar
    como ellos frena a muchos que quisieran tener una proyección más activa
    y creativa. El carisma se paga caro en este tipo de responsabilidades.

    “La gente no quiere coger cargos dentro de la UJC para no meterse en
    problemas”, asegura Yosvani. “Eso es tremenda quemazón”, ironiza. El
    joven critica la “falta de poder de los militantes que acuerdan muchas
    cosas en las reuniones pero no tienen capacidad de influir en la toma de
    decisiones”.

    En 2015 y durante las reuniones previas al X Congreso de la
    organización, los militantes mostraron su preocupación por el
    anquilosamiento de la UJC. “Necesita ser un organismo vivo, que tenga
    diversidad, se transforme y represente verdaderamente a los jóvenes”,
    pidió Han García, estudiante de la Facultad de Ciencias Médicas Victoria
    de Girón.

    En un intento por revitalizar la organización y durante una reunión
    extraordinaria de la UJC a mediados de del pasado año, la psicóloga
    Susely Morfa González fue nombrada primera secretaria de la organización
    en sustitución de Yuniasky Crespo Baquero. Poco después, seguía su
    meteórica carrera al ser elegida diputada en la Asamblea Nacional del
    Poder Popular y miembro del Consejo de Estado.

    La joven tuvo una combativa actuación en la Cumbre de las Américas de
    Panamá, en abril de 2015, al protagonizar varios actos de repudio en los
    que calificó de “lacayos, mercenarios, autofinanciados, malpagados por
    el imperialismo” a los activistas y exiliados que participaron en un
    evento paralelo con la sociedad civil.

    Este martes, en una entrevista con la prensa oficial, Morfa declaró como
    propósito de la UJC “sumar para que sea una organización de todos, para
    que cada joven la sienta cada vez más cerca”. La secretaria general
    calcula que entre los jóvenes cubanos “la inmensa mayoría es
    revolucionaria”, aunque reconoció que “hay quien se cuestiona si las
    nuevas generaciones están conscientes de su rol social”.

    Pero la parálisis funcional y la disminución de sus filas no son las
    únicas preocupaciones para los dirigentes de la UJC. El crecimiento del
    sector privado ha ampliado el fenómeno de jóvenes que han quedado fuera
    del control de la entidad y que se desempeñan en un escenario marcado
    por la ley de la oferta y la demanda.

    Del más de medio millón de trabajadores por cuenta propia que laboran en
    la Isla, 159.563 son jóvenes. La UJC se ha propuesto captar a como dé
    lugar a esos emprendedores pero no parece haber hallado mucho entusiasmo.

    “Lo que me gusta de mi trabajo es que aquí no hay reuniones, ni
    sindicato, ni tengo que donar parte de mi salario a las Milicias de
    Tropas Territoriales, mucho menos tenemos reuniones de la UJC”, cuenta
    aliviado Roland, dependiente en una cafetería del Barrio Chino, en La
    Habana.

    “Han venido dirigentes provinciales y nacionales a hablar con los
    jóvenes de aquí para crearles conciencia y que se hagan militantes, pero
    ya la gente no está para eso”, reflexiona. “Ahora la vida es más dura
    que cuando mis padres eran de la UJC, hay que ganarse el dinero con
    mucho esfuerzo y no hay tiempo para tantas reuniones”, remata.

    Source: A sus 55 años, la UJC pierde relevancia pero no se quiere
    jubilar –
    www.14ymedio.com/reportajes/UJC-pierde-relevancia-quiere-jubilar_0_2193380646.html

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