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    Sombras nada más en la violencia de género

    Sombras nada más en la violencia de género
    Las campañas permitidas por el oficialismo olvidan a las mujeres de la
    oposición
    Miércoles, mayo 3, 2017 | Víctor Manuel Domínguez

    LA HABANA, Cuba.- La violencia de género es hoy uno de los temas más
    publicitados en este país, aún marcado por el machismo acuartelado en su
    herencia cultural, pese a la equidad de roles en la sociedad. Insultos y
    humillaciones contra la mujer son vistos, en muchas ocasiones, como un
    comportamiento normal en una relación.

    Los diversos medios de comunicación, todos bajo control estatal,
    visualizan y abordan este fenómeno desde el comportamiento individual de
    retrógrados, abusadores y trogloditas anclados en un pasado patriarcal,
    y no a partir de los desniveles sociales y las carencias colectivas que
    origina este modelo de país.

    Además, el sesgo selectivo que se impone a la hora de atacar el problema
    de la violencia de género se ve bastante similar a las decisiones que se
    toman frente a otras problemáticas del escenario nacional, como suele
    suceder con las preferencias ideológicas, las orientaciones sexuales y
    el tema de la racialidad.

    Sombras nada más

    Golpizas y otros actos de violencia de género expuestos en sus diversas
    manifestaciones, constituyeron el leitmotiv para que 36 escritoras
    cubanas, a través de diferente tonos, estilos y formas narrativas,
    escribieran el similar número de textos compilados por Laidi Fernández
    de Juan, que integran la antología Sombras nada más, (Ediciones Unión, 2015)

    Escrito por autoras de varias generaciones, nacidas entre el los años
    1932 y 1985, el libro transita por una amplia gama de actos de violencia
    contra la mujer, cometidos en diversas épocas y escenarios del país, y
    se convierte, por su diversidad conceptual y de matices, en una
    contundente denuncia contra un flagelo que aumenta cada día el número de
    víctimas en nuestra sociedad.

    En una definición del argumento del libro, Zaida Capote escribe en la
    presentación: “la violencia es real, y a menudo mata; y antes de matar,
    ocasiona mucho dolor y genera tristeza, infelicidad y desazón continuas”.

    Por su parte, Helen Hernández señala en la contraportada: “Cada vida de
    mujer parece estar marcada por una agresividad que, ya sea explícita o
    encubierta en urdimbre simbólica, el orden social de los géneros nos
    impone (…) mostrándonos como víctimas o victimarias, desde complejos
    puntos de vista, sobre el cielo de la violencia y develando espinosos
    matices para las emociones humanas”.

    Sin embargo, ninguna de las escritoras nacidas entre los años 50 y 80
    abordan en su relato la violencia sufridas por cientos de mujeres a
    manos de otras féminas convertidas en meros instrumentos de actos de
    repudio, sin averiguar quiénes eran o son, qué hacían o hacen para ser
    ultrajadas por quienes, aun siendo de igual género y comprometidas a
    defenderlas, las excluyen o atacan.

    Otras miradas selectivas

    No parece casual que en un contexto donde se diversifican y multiplican
    los proyectos encaminados a llamar la atención y poner fin a la
    violencia contra la mujer, exista un sesgado sector femenino al que no
    llegan las voces y miradas que asumen desde las instituciones estatales
    o la individualidad, estos promotores del respeto ajeno que dicen
    defender la igualdad de género.

    Rochy Ameneiro, quien lidera Tod@sContracorriente, proyecto musical
    pensado para fortalecer una cultura de paz a través de una campaña
    constante contra la violencia de género, ¿desconoce que cada domingo un
    grupo de mujeres son injuriadas, golpeadas y detenidas en calles u
    hogares de Holguín, Bayamo; o Colón, Lawton, el Diezmero y Luyanó, en la
    capital?

    ¿No sabe que quienes gritan, arrastran y tiran del pelo a estas mujeres
    son otras que, bajo el mando de la policía, la Seguridad del Estado y
    las organizaciones de masas del país ―supuestas defensoras de la
    igualdad para todos―, tal vez sean parte de Tod@sContracorriente u otro
    proyecto similar?

    ¿O es que acaso el escarnio, las detenciones arbitrarias y los golpes
    propinados por autoridades del régimen y sus seguidores a un grupo de
    mujeres que disienten de la ideología oficial e integran el grupo
    pacifista Damas de Blanco, no califican como actos de violencia de género?

    ¿No son madres, hermanas, esposas, quienes cada domingo exigen y ejercen
    su derecho a marchar, pedir reformas y libertad para presos políticos, o
    cambios en el país? ¿No dijo Rochy Ameneiro “tenemos que ser valientes”,
    en una entrevista concedida a la revista feminista digital Alas Tensas?

    Y qué decir de las prostitutas, vendedoras ambulantes y otras buscavidas
    de otras provincias y de la capital, quienes son maltratadas, zaheridas
    en su condición de mujer en desventaja social, ante las amenazas de
    deportación, el chantaje y otras coerciones que les prodigan por igual
    los proxenetas, policías, inspectores y empleadores ante la indiferencia
    de las autoridades del país.

    Por eso resulta poco creíble que no haya confabulación política,
    hipocresía y selectividad a la hora de realizar denuncias contra la
    violencia de género en Cuba, cuando quedan fuera de los spots
    televisivos, los programas de la FMC, o de otras campañas o libros, la
    presencia de estas mujeres, que a la posible violencia de un esposo
    celoso o borracho deben sufrir la del Estado también.

    Programas radiales y televisivos, campañas publicitarias, espectáculos
    artísticos y libros, creados, diseñados o escritos con el propósito de
    denunciar y detener la violencia contra la mujer, terminarán en fracaso
    si persisten en atribuir este comportamiento a una herencia histórica o
    genética y no se resuelven las insatisfacciones de todo tipo que generan
    este sistema social.

    La violencia de género no tiene ideología, raza ni religión, por lo que
    cada enfoque debe ser inclusivo y abordado desde una mirada colectiva,
    donde las sombras de todas las mujeres victimizadas, queden iluminadas
    por la denuncia y la comprensión, para que, “nada más”, sean un mal
    recuerdo en Cuba

    vicmadomingues55@gmail.com

    Source: Sombras nada más en la violencia de género CubanetCubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/sombras-nada-mas-en-la-violencia-de-genero/

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